Estas palabras surgen porque ya estoy harta. Sí, harta de tantas discusiones, de tantas peleas, de esperar a que dejes de ser un poquito egoísta y hagas algo por lo nuestro. Estoy harta de ser yo la que siempre tiene que pedir disculpas, incluso cuando tú fuiste quien tuvo la culpa; en verdad no sé cómo logras chantajearme para que eso suceda. Ya me cansé de intentar por todos los medios rescatar lo nuestro, pero no hay manera, y no es que no haya suficiente amor de mi parte, es que tú no haces nada por salvar lo poco que queda.

En una relación, siempre hay que ser equitativos, pero contigo nunca fue así. Yo te di más de lo que recibí de tu parte, y tú me exigías más de lo que dabas. Renuncié a muchas cosas, en cambio tú no renunciaste a nada. Sacrifiqué mucho por hacerte feliz, y tú no pudiste ni hacer un pequeño sacrificio por hacerme un día bonito.

A veces me pregunto qué faltó, qué fue lo que no te supe dar, pero la respuesta es nada, porque te lo di todo, me entregué por completo, en cuerpo y alma, con todo el amor que brotaba de mi corazón y ni aun así fue suficiente para que tú salieras de tu zona de confort y decidieras luchar por lo nuestro.

Tu indiferencia me fue acabando, fue minando mis defensas y me fue agotando poco a poco.

Ya estoy harta, harta de tener este miedo del “qué será de mi vida sin ti”.

Harta de que me llames cuando se te dé la gana, de que me vengas a visitar solamente cuando tienes ansias de placer y luego me botes, como siempre, dejándome sola y desesperada por tu ausencia.

Pero se acabó. Llegó el momento de recuperar mis ganas de amar, y ya no será por ti, sino por mí. Voy a aprender a amarme y a respetarme a mí misma, porque eso es lo que siempre me hizo falta.

Voy a recuperar mi autoestima y mi autoconfianza, aquellas que tú me robaste con tu desamor, con tu indiferencia y con tu pésimo trato.

Y entonces, una vez que yo esté lista y plena, voy a conocer a alguien que me amará y me respetará tal como me lo merezco, y esa persona será autora de mis sonrisas, no de mis lágrimas; de mi felicidad y no de mis desdichas.

Voy a conocer a esa persona que sea capaz de lanzarse al vacío conmigo y arriesgarse a perderlo todo siempre y cuando nos tengamos el uno al otro.

Voy a conocer a esa persona que me sepa extrañar, que esté al pendiente de mí, que conteste mis llamadas y mis mensajes y que venga a visitarme con cualquier pretexto, ya sea para traerme una rosa o para comer juntos nuestro platillo favorito.

Voy a conocer a alguien que, con su amor, te borre de mi memoria.

Y tú ya no serás más que polvo en el jardín de mi vida.

Autor intelectual: Jagmel D. T. Matos



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