De los demás aprendemos muchísimo. Pero ocurre que cada uno de nosotros interpreta la realidad a su manera. Todos tenemos valores, conocimientos, gustos y opiniones diferentes.

Dile al mundo que te has resfriado y ya verás cómo recibes unas cuantas sugerencias sobre qué hacer y qué no hacer en estos días.

Dile que estás pensando en hacerte un cambio de look y también verás cómo te llueven las ideas.

Consulta cualquier otra cosa y atente a la variedad de las respuestas. Algunas encajarán contigo. Otras, no. Hay “sugerencias” que te pueden hacer dudar o, incluso, te puedes sentir juzgado cuando te las expongan:

– ¿Crees que deberías confiar en las personas, o en ti?

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Es el riesgo que corres cuando haces partícipe de tu inquietud a quienes te rodean. Cada uno te da su respuesta. Te dice qué haría en tu situación desde su experiencia y su perspectiva.

Y eso puede darte pistas, pero también puede confundirte cuando tú ya has decidido cómo vas a abordar el asunto.

Quizás te han dado un consejo buenísimo. Buenísimo para que lo aplique quien te lo dio y bastantes personas más. Pero puede ser que no sea el idóneo para ti.

¿Qué es “lo mejor”? ¿Cuál es la respuesta correcta? Es, ni más ni menos,la que funciona para ti.

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Toma las sugerencias que te resulten interesantes. Deja a un lado las que no te sean útiles. Y confía en tu criterio.

Lo mismo, con esta sugerencia. ¿Quién soy yo para apuntar qué es lo mejor o lo peor para ti en una situación dada?

La opinión más importante es la tuya, que para eso eres quien manda en tu vida. Que los demás hagamos las cosas de otra manera no le resta valor a lo que tú decides.

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