Te amé ciegamente, y en mi afán de que fueras feliz, le pedí al cielo que alumbrara tu camino, para que nunca tropezaras, para que siempre caminaras seguro, sin que nada te perturbara, sin que la oscuridad te impidiera observar cada paso.

Te amé ciegamente, y fue por ello que le pedí al aire que, a donde quieras que anduvieras, se llevara partículas de mi cariño consigo y te acariciara con ellas, para que nunca me extrañaras, para que siempre recordaras cuánto te amo y todo lo que siento por ti.

Te amé ciegamente, y por eso le pedí a las aves que compusieran una melodía dulce para ti y con su canto te dijeran lo mucho que anhelo estar bajo el cobijo cálido de tus brazos, y cuánto extraño el aroma de tu piel tan dura y varonil que me invitaba a acurrucarme en ella para siempre, por los siglos de los siglos.

Woman standing at the window

Te amé ciegamente, y fue por eso que busqué un arcoíris fulgurante después de cada lluvia, para regalarte todos sus colores y con ellos dibujarte mil corazones, y hacer latir el tuyo a gran velocidad, para saber si en realidad me querías o sólo estabas jugando conmigo.

Te amé ciegamente, porque al contemplar tu mirada, tus ojos emitieron rayos cegadores que me apagaron por completo la vista, porque te idealicé, porque no supe ver tus errores, porque muy tarde comprendí que, por haberte amado, desperdicié mis sueños.

Te amé ciegamente, y por amarte perdí todo lo bueno que tenía en mi vida, mi esperanza, mi autoestima, mi fe en las personas, mis amigos, e incluso me perdí a mí misma, porque me llegué a negar para afirmarte a ti, y ese fue mi error más grande.

Te amé ciegamente, y mi corazón se partió en mil y un pedazos, y luego dichos pedazos se hicieron polvo, de modo que no hay manera ya de reconstruirlo, porque me dejaste totalmente deshecha y abatida.

Después de ti, sólo queda la nada.

Autor intelectual: Neyra



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