Cada vez que escucho tu voz, cada vez que algún recuerdo se cuela en mi cabeza, por mucho que trate de evitarlo, cada vez que algo me recuerda a ti, o tan sólo con escuchar tu nombre.

Créeme que he intentado de todas las formas posibles el olvidarte, el saber que nuestros caminos están totalmente distanciados, que por mucho que espere y, sobretodo, por mucha esperanza que le pueda llegar a tener; las cosas nunca van a cambiar. Siempre vas a ser ese amor imposible, ese chico que cualquier mujer querría tener al lado, ese hombre con el que tan sólo hace falta una sonrisa y un par de palabras para sentir que se ha ganado tu confianza.

¿Cómo se puede llegar a demostrar tanto en solamente unos minutos? Aparentaste ser una persona amable, respetuosa, humilde, que se preocupa por los demás aún sin llegar a conocerlos… y tantísimas cosas más que después de casi dos años he podido confirmar. Aún recuerdo aquella primera conversación, aquel 21 de Julio, aquel martes en el que mi única preocupación era pasar un rato agradable con mis amigas.

Aparecimos allí por casualidad, sin planearlo, que es como siempre acaban sucediendo las mejores cosas y, como pude comprobar, conociendo las mejores personas. Entramos, la sala estaba vacía, sólo estábamos nosotras, bailando sin importarnos el resto, y entonces fuimos a la barra, donde apareciste tú, con esa media sonrisa que no imaginé que llegaría a significar tanto. Ahí fue donde comenzó todo, como hablando de cosas tan insignificantes lograste dibujarme una sonrisa que al cabo de varios días, con conversaciones tan pequeñas, se fue convirtiendo en permanente.

Lo que nunca te dije… es que eras mi primer pensamiento al despertar y el último al acostarme, que gracias a ti aprendí a analizar cada canción y vivirla como si fuera en mi propia piel. Lo que nunca te dije… es que nunca me había enamorado como lo había llegado a hacer, nunca había sentido como una emoción podía llegar a aportarte tantas sensaciones positivas  como llegar a destruirte tanto al mismo tiempo. Lo que nunca te dije… es que me moría de ganas de contarte todo esto, pero a la vez el miedo no me lo permitía. El miedo al rechazo, el miedo a que la situación se volviera incómoda, el miedo a ser egoísta sabiendo que tú ya eras feliz, que tenías otra persona por la que sentías algo parecido a lo que yo siento por ti. Yo no quería meterme en medio, quiero que seas feliz, aún significando eso que tenga que hacer lo posible por alejarme de ti.

Puedes creerme cuando te digo que he intentado por todos los medios el callarme todo esto, he tratado de hacerlo a través de la famosa frase “el tiempo lo cura todo”, esperar; esperar sin dejar que nada cambiase, simplemente dejando que el tiempo hiciese su trabajo, distrayéndome y refugiándome en aquello que me gusta hacer, pero no dio resultado. Así que decidí alejarme, tratar de mantener el mínimo contacto posible, aunque el echarte de menos aún sin haberte tenido es algo que tampoco llevo demasiado bien.

También ha habido acciones de las que no me siento orgullosa precisamente, conductas algo infantiles no propias de mí que en ese momento creí que podrían evitarme el daño.

Después de esto, la última opción que me queda es esta: expresarme. Expresarme aún sabiendo que no va a cambiar nada, simplemente dejar que el corazón hable. Expresarme sin saber siquiera si llegarás a leerlo, sacar todo aquello que se ha ido acumulando dentro, todos aquellos sentimientos que han ido formando parte de mí y que ahora no quieren despegarse. Y sobre todo, empezar el año liberándome de ese peso que llevo a cuestas desde hace tiempo y que no me deja avanzar.

Autor: Anónimo

 



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