El estrés es un mal común que cada vez más comienza a perfilarse como el causante de muchos estragos físicos. Así como afecta el sistema nervioso, despierta la ansiedad e interviene en el sueño, el estrés es capaz de afectar al órgano más grande del cuerpo: la piel.

Lo primero que debes saber sobre cómo afecta el estrés a la piel, es que el sistema nervioso y la piel son como hermanos, pues desde que el feto está comenzando a formarse ambos comparten la misma capa embrionaria. Esto quiere decir que cualquier estímulo que reciba el sistema nervioso es también notorio en la apariencia de la piel.

El estrés puede ocasionar que se liberen neuropéptidos en varias terminaciones nerviosas de la piel. Estas sustancias químicas son las causantes de que muchas veces se pueda sentir picazón sin ningún motivo aparente.

El estrés estimula las glándulas suprarrenales quienes a su vez producen en mayor cantidad adrenalina y cortisol, alterando el sistema de defensas y ocasionando cambios en la piel que permiten la aparición del acné, urticaria y dermatitis.

El sueño es uno de los factores que más se ve perjudicado por el estrés. Cuando no dormimos bien no se produce colágeno, se altera el sistema nervioso y todo esto se refleja en la apariencia de la piel del rostro: piel seca, áspera y marchita.

El estrés empeora enfermedades dermatológicas que no son causadas él, tales como la psoriasis,rosácea y dermatitis seborreica. Una persona que sufra de estas patologías podrá evidenciar que cuando está estresado los brotes se aceleran y agudizan y vuelven a la normalidad cuando se consigue la calma.

El estrés afecta la piel con la aparición de ampollas en las palmas de las manos, muchas veces confundidas con una micosis. Sin embargo se trata de una dishidrosis, enfermedad tópica de la piel producida por y durante períodos de estrés.

El estrés interviene en el correcto funcionamiento de la circulación sanguínea. Por lo que puede ocasionar envejecimiento prematuro de la piel, profundas arrugas en la frente y alrededor de la nariz y pérdida d ella firmeza y la elasticidad.
El estrés ataca el sistema inmunológico, considerándose un factor importante en desencadenar o acelerar alergias y rosetas en la piel sin ninguna causa aparente, las cuales suelen desaparecer cuando la persona se tranquiliza.



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