A ti, que me dejaste sola, que me abandonaste en cuanto te enteraste de mi embarazo, a ti podría guardarte mucho rencor, podría estar llena de resentimiento y hasta de odio por tu falta de responsabilidad, por tu cobardía. Pero no, aunque no lo creas, lo que hoy quiero decirte es GRACIAS.

Quizá te preguntes, ¿cómo es que ella me agradece si la dejé?

En primer lugar, y quizá lo más evidente, es que me has dejado la enorme dicha de criar a una hermosa niña, a la cual amo con todo mi corazón y por la cual me comprometo a ser la mejor de las madres.

Ella se merece lo mejor, ¿sabes? Y, por lo mismo, mi segundo agradecimiento es por haberte marchado antes de que te conociera. Definitivamente ella no merecería tener un padre como tú, desobligado y sin agallas, y por eso te doy las gracias también, por haberme dejado a mi hija para mí sola, porque sé que, aunque no tenga un padre, estará mil veces mejor conmigo sola que si nos tuviera a los dos, pues, conociéndote, serías un pésimo padre, y yo no quisiera eso para mi niña.

Gracias, porque con tu ausencia me he motivado para darle a ella el doble de cariño, el doble de amor, el doble de cuidado y el doble de atención, porque quiero ser padre y madre para ella. Quiero y puedo hacerlo.

Gracias, también, por heredarle esos bellos ojos color marrón que me encanta mirar todos los días y que, curiosamente, no me recuerdan para nada a ti.

Gracias por dejarme a tiempo, porque, a final de cuentas, ambos sabíamos que nuestra relación de pareja no iba por buen camino, y tarde o temprano íbamos a romper.

Gracias, porque cuando tenga que hablarle de sexo a mi hija, tendré una gran historia que contarle, la historia de su padre. Y aprenderá cómo acostarse con alguien no hará que te ame más, y cómo embarazarte no necesariamente hace que los hombres se queden a tu lado.

Gracias, porque también le podré enseñar que no debe confiar ciegamente en las personas, por más promesas que le hagan, por más que le juren lealtad, fidelidad e incluso amor eterno.

Y más que nada, gracias por obligarme a madurar. Es cierto, dejar la universidad y meterme a trabajar para mantener a mi niña no era el plan de vida que yo tenía pensado a mi edad, pero debo decir que me sacaste de mi zona de confort y me orillaste a luchar con todas mis fuerzas por salir adelante.

No sé lo que me depare la vida, no sé si pueda volver a confiar en un hombre, pero sé que yo y mi niña estaremos bien, sin ti, por eso, siempre te estaré agradecida por haberte marchado. Qué bueno que desapareciste de nuestras vidas.

Autor intelectual: Valeria Calderón



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