Hola, ¿qué tal?

Ha pasado un tiempo ya desde aquella ¨cita¨. Aquella en la que decidiste que lo mejor era ir cada uno por su lado. Aquella en la que no me preguntaste que deseaba hacer o a donde prefería ir, tan solo en un mensaje de texto me dijiste la hora y el lugar de nuestro encuentro. Supuse que me tenías preparada una sorpresa y que quizás por ello deseabas que el encuentro fuese así. Elegí el atuendo más bonito que encontré; si tan solo hubieses visto mi closet aquella vez, sé que hubieses muerto de risa de ver como lo dejé.

Fui tan puntual como me lo pediste. A pesar de que teníamos ya un tiempo juntos nunca dejé de sentir esos nervios y esa emoción cada que sabía que estaríamos frente a frente. Mis manos estaban un poco sudorosas y mis piernas temblorosas. En mi mente divagaban toda clase de momentos a tu lado, no sé porque elegí justo ahí el recordarlos. Una fresca brisa me trajo un aroma exquisito que pude reconocer instantáneamente. Voltee y eras tú parado justo detrás de mí a escasos dos metros de distancia. Me contemplabas con una mirada perdida y un poco nostálgica. Te acercaste lentamente como dudando de estar junto a mí.

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¨Me diste un beso tan frío que me congeló los labios¨

Pude darme cuenta con ello de que algo malo estaba pasando. Quisiste decir algo pero inmediatamente te interrumpí, -¿qué pasa?-, te pregunté. Aquella pregunta te dejó helado, es como si estuvieras repasando todo un libreto en tu mente, permaneciste callado y me miraste fijamente. –Dime, ¿algo anda mal?-, pregunté nuevamente. Agachaste la mirada para que no notara en ella de que lo que dirías no era más que una mentira. –No, no pasa nada-, dijiste arrastrando las palabras. -¿Por qué me mientes?-, insistí. -No estoy mintiendo, es solo que últimamente he estado pensando en nosotros y creo que lo mejor es darnos un tiempo-, dijiste de golpe sin siquiera respirar o hacer pausas. -¿Has pensando en nosotros y que lo mejor es darnos un tiempo? Explícate porque sinceramente no te entiendo, dije un poco enfadada y confundida. –Necesito poner en orden muchas cosas en mi vida, hay cosas que tengo que resolver y decisiones que tengo que tomar-. Tu respuesta me cayó como un balde de agua helada. Solamente hablabas de ti y de ti, dejándome de lado a mí. -Puedo entender una parte de lo que me dices, pero no la parte en donde no hablas de mí, tan solo de ti. ¿Por qué no resolverlas juntos? ¿Por qué no permitirme estar a tu lado, apoyarte y ayudarte en lo necesario? Somos pareja ¿no?, yo puedo ayudarte, ¡yo quiero ayudarte!, dije sin titubear segura de lo que quería y podía hacer por ti. –Sí, lo somos pero… creo que lo mejor es hacerlo por mi cuenta, yo solo-, dijiste y agachaste la cabeza.

-¿Cuáles son tus problemas? Esos tan graves que no me permites enfrentar junto contigo, mencioné. –No lo entenderías, de verdad que no-, dijiste una y otra vez. –Lo siento, pero necesito tiempo y espacio para resolver todo el lío de mi cabeza, no te quiero lastimar, en verdad-, añadiste. -¿Y con esa decisión no lo estás haciendo? ¿Acaso piensas que no me estás lastimando?, dije con la voz entrecortada. Tu mirada mostró enojo y dijiste que no entendía, que era lo mejor para ¨ambos¨, que no había otra salida. Reproché que solo pensaras en ti, porque en ningún momento me tomaste en cuenta a mí, en ningún momento preguntaste que pensaba yo o que sentía. Pensaste por mí, por los dos, sin importarte que con aquella maldita decisión me estabas partiendo en dos. Quise mostrarme tranquila y fuerte, lo cierto es que aquellas palabras tan duras retumbaban en mi mente.

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Tu estocada final fue decir que debías irte, que tenías prisa y no había más por decirme. Apenas pude pronunciar el preguntar cuánto tiempo estaríamos separados, cuánto me tendrías por ti esperando. Ni siquiera esa respuesta merecí, dijiste simplemente que no sabías cuanto y que no hiciera más grande y difícil todo. Que tu decisión ya estaba tomada y que con suerte sabría de ti pronto. No hubo un beso de despedida aunque fuese frío. Tan solo pronunciaste un –cuídate- y te marchaste de aquel lugar sin voltear, dejándome a mi detrás.

No supe más de ti hasta hace unos días. Pretendiendo volver como si nada hubiese pasado, ni siquiera el tiempo. Es por eso que te escribo, porque el verte ya no tendría ningún sentido. Me acostumbré a estar sin ti. A pensar primero en mí. A no recibir tus visitas ni llamadas. A que no supieras más como estaba.

Estoy segura que tus problemas pudieron ser resueltos sin la necesidad de pedir aquel estúpido tiempo. Tengo la certeza de que ni seguro estabas de cuales eran dichos problemas. Si pretendías deshacerte de mí debo felicitarte porque lo lograste. En aquella ocasión tan solo me quedé callada. Y debo aceptar que aunque me partiste incluso el alma, esperé unos días a que me buscaras y que retomáramos lo nuestro. ¡Fue ingenuo de mi parte hacerlo!

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Después de todo ese tiempo juntos, merecía algo más. Merecía ser tomada en cuenta en tu vida y en tus decisiones. Merecía que JUNTOS enfrentáramos las situaciones. Merecía que me dejaras a mí decidir. Que tuvieras el valor de decir las cosas como realmente son, no maquillarlas ni disfrazarlas para no dañarme, porque aunque eso pretendías déjame decirte que fallaste. Sin embargo el daño se ha esfumado y olvidado. Me levanté como siempre como la mujer valiente que soy. Y aunque te amé con todo el corazón, si algo he aprendido es que primero siempre debo de estar yo.

Hoy que pretendes volver quiero decirte ¡GRACIAS PERO NO!

Porque no necesito a mi lado a alguien inmaduro que no sabe lo que quiere. Alguien egoísta que solo piensa en sí mismo sin importarle si lastima a los demás. Alguien que no me valora y que aparte toma decisiones por mí, como si yo no tuviera la capacidad y el derecho de decidir. No quiero volver con alguien que en cualquier momento me puede volver a herir. Alguien que demostró con sus acciones que no me ama realmente. Alguien que no supo luchar por lo nuestro y que cobardemente abandonó el barco sin importarle que me dejaría a la deriva en plena tormenta.

¡GRACIAS! pero sé que no es lo que yo merezco, porque se lo que valgo. No quiero volver con alguien que no comparta sus momentos conmigo. Alguien que me brinde todo lo contrario a seguridad. Alguien que no sepa ser ni mi amigo ni mi compañero y que en cualquier momento se puede olvidar de que es mi novio.

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No merecía lo que me dabas pero lo aceptaba porque estaba enamorada. Pero hoy estoy más enamorada de mi misma. Y con certeza te puedo decir que aunque sin saber si merezca o no más, lo cierto es que lo que me ofreces nuevamente no es lo que quiero, ni lo que deseo, ni lo que espero.

Al final de cuentas creo que tienes la razón, necesitas tiempo. Mucho más del que ya te tomaste. Tiempo para pensar que es lo que en verdad quieres. Tiempo para aprender a no dañar a las personas que en verdad te quieren. Tiempo para que dejes de lado tu tonto ego y orgullo, esos que hacen pensar que lo tienes todo seguro. Que las personas somos objetos que se dejan guardados y que cuando los necesitas puedes ir en busca de ellos y volver a obtenerlos. Necesitas tiempo para valorarte y valorar todo lo que la vida te da. Para aprender que no siempre las personas que llegan se tienen que quedar, por eso debemos saber apreciarlas en su momento, para dejarles un lindo recuerdo.

No puedo decirte que aún conservo recuerdos tuyos. Te mentiría si te digo que dentro de mí aún hay sentimientos que te pertenecen. No volví a saber de ti más. Y en todo ese tiempo aprendí que hay personas que se van y aunque vuelven, ya nada puede ser igual.

 

Posdata: No pretendo que al leerme reflexiones y me insistas, porque ahora soy también yo la que necesita un tiempo.

Necesito tiempo para seguir siendo feliz. Tiempo para continuar sonriendo, disfrutando y aprendiendo. Tiempo para soñar más despierta que dormida e ir detrás de esos sueños. Tiempo para amar, pero ésta vez, ésta vez no será a ti.

Autor: Stepha Salcas



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