Y aquí estoy, escribiéndote esta carta de despedida, estas últimas líneas dirigidas a ti, a  la mujer que antes fui.

Lamento decirte que es necesario dejarte atrás, transformarme, esforzarme por transformar mi realidad; me he cansado de llorar, de ser la mujer triste que se queja de su realidad, de conformarme con limosnas, con vagas muestras de amor que son más parecidas a una  caridad.

la mujer que fui

Me cansé de ser quien fui, sumisa, con miedos que no quería afrontar, siempre dudando de mí, con esta inseguridad que me sumió en un profundo túnel de tristeza, de miedo, que me hizo convencerme de mi fragilidad.

Quiero contarte que algo me hizo cambiar, ya no soy la de antes, ni tengo ninguna intención en regresar; un día me di cuenta que no podía seguir igual, que era mi elección dejar mi guarida, ese conformismo enfermizo atrás.

 

Me asomé a la ventana y descubrí que allá afuera hay mil cosas por mirar, mil colores, personas que saben amar de verdad; lo único que lamento, es el tiempo que perdí por tener miedo, las sonrisas , la alegría que dejé escapar por creer que no las merecía, que las cosas buenas en mi mundo, no tenían lugar.

Que tonta fui al cegarme a la realidad, a aferrarme a quien creí que me quería de verdad, me cerré a las posibilidades que el mundo tiene para dar, y tristemente descubrí que ese amor egoísta, en nada se podía comparar.

reproche

Lo he dicho antes, no estaría bien arrepentirme de ese pasado que me hizo dudar de mi misma, de mi fortaleza, de mi capacidad, hoy me queda agradecer por esta nueva oportunidad, por haber tenido el valor de quitarme la venda, por atreverme a volver a comenzar.

Adiós mujer de mi pasado, me marcho sin mirar atrás, me esperan mil sonrisas que no pienso desperdiciar.

 

 

 

 

 



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