Vivimos en una sociedad que valora más la apariencia que las virtudes. Esto les pasa a aquellas mujeres que no suelen ser las que enamoran a todos los hombres, aquellas que prefieren cultivar su interior y ser personas valiosas en vez de plásticas. Nosotras no esperamos al príncipe salvador de nuestro corazón, simplemente queremos que llegue el hombre indicado, aquel que nos valore por completo y que no se arrepienta de habernos elegido.

Frecuentemente me pregunto si no es mejor intentar encajar en el mundo de estereotipos y darle más importancia a mi apariencia que a mi interior, pero siempre concluyo que es mejor ser yo misma, pese a las dificultades que esta elección acarrea.

Decidí ser auténtica y aceptarme tal cual soy, con todas mis imperfecciones y mis defectos que no trato de ocultar avergonzada. Elegí la sencillez, unos simple jeans antes que un vestido lujoso, unas zapatillas cómodas antes que unos tacones sexys. Decidí ser la mejor amiga y seguir mis sueños. Elegí aceptar que sí, en efecto, tengo un pasado de desilusiones, pero también me quiero dar la oportunidad de buscar y encontrar el verdadero amor.

Ser uno mismo es un verdadero reto, sin embargo trae consecuencias muy satisfactorias. Te sientes plena y genuina, vas por la calle sin la carga de tener que agradarles a los demás, ríes y lloras cuando quieres…

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…Pero también te cuesta adaptarte. A tu alrededor hay gente perfecta, tus amigos son perfectos, los hombres son perfectos, o al menos eso aparentan ser, y entonces encontrar pareja se vuelve un verdadero lío, porque tú eres imperfecta y vives en un mundo que exige perfección. Pasas una noche tras otra buscando a la persona indicada y no la encuentras, y entonces te preguntas si elegir ser tú misma fue una buena decisión.

Dicen que todos tenemos un alma gemela esperando por nosotros pero, ¿y si no llega? ¿Y si no existe la persona indicada para ti? Comienzas a ver cómo tus amigos van formando hermosas familias y tú tan sola. Parece que todos encuentran a su complemento ideal menos tú, tú que tienes todo para dar y que sólo deseas un alma a quien entregarle tu corazón.

De pronto te encuentras con que ya no sales de casa porque no tienes a dónde ir. Sí, tienes amigos y una bella familia, pero aceptémoslo, siempre nos hace falta un compañero de corazón que llene de alegría nuestra vida y que nos invite a salir al mundo, alguien que nos ayude a sanar las heridas de ayer y que construya con nosotros un presente.

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Quizá este sea el precio a pagar por ser yo misma y, bueno, estoy dispuesto a pagarlo. A final de cuentas sólo hay una vida y no la quiero desperdiciar tratando de ser lo que no soy. No puedo obligar a nadie a estar a mi lado si no me acepta tal cual.

Sin embargo, mantendré la esperanza de que allá, en un rincón del mundo, hay alguien que, como yo, quiere ser auténtico y busca un amor como el mío, libre de apariencias. Deseo con ansias conocer a mi otro yo, aquel que experimente los mismos rechazos que yo he experimentado y que sólo quiera darse una oportunidad para amar.

“Actualmente me siento feliz y estoy lista para cuando llegue aquel corazón que me complemente, aquel hombre imperfecto que me vea como soy y se enamore de mi interior. Hoy quiero decirle sí al amor auténtico”.

 



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