No nos engañemos. Para alguien que no está acostumbrado, adoptar una actitud positiva es más difícil que adoptar una negativa.

La actitud negativa es la salida fácil en ese caso. Rendirse, quejarse, quedarse inmóvil, hacerse la víctima o echarle la culpa a otro en una situación complicada es mucho más sencillo que responsabilizarse de la misma y buscar soluciones.

Hay quien piensa que para que las cosas empeoren no hay que hacer nada. Es verdad. A lo sumo, darles un empujón. Destruir es simple; construir requiere intención y compromiso.

Acercándose a la negatividad

Es difícil también que una persona sea consciente de su negatividad. Tendrá que pararse a reflexionar un poco, porque una de las características de esta manera de entender la realidad es que se toman conclusiones precipitadas. Conclusiones rápidas, que se extienden igual de rápidamente.

¿Por qué ese mal humor? ¿Por qué lo ve todo negro? ¿Por qué esa sensación de impotencia?

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Causas de la actitud negativa

El origen de esa actitud está en las emociones y los pensamientos (negativos, claro) y éstos pueden nacer de…:

– La baja autoestima. Por ejemplo, cuando la persona tiene una pobre imagen de sí misma. Cuando no tiene confianza en sus capacidades (o ni las conoce) y se siente como una hormiga a merced de la lluvia torrencial.

– Experiencias pasadas y presentes. Tener heridas que no han cicatrizado, cargas del ayer o vivir actualmente en unas circunstancias duras a las que no les ve fin.

– El entorno. Familia, amigos, compañeros, televisión, periódicos, etc. La persona quizás esté absorbiendo continuamente toda esa negatividad que le rodea.

Una vez que la persona sabe o intuye cuál es el origen de esa actitud negativa, ha de ver qué ventajas le reporta. ¿Funciona en sus relaciones, en el trabajo…? ¿Tiene alguna compensación?

Por supuesto que la tiene. Con esa actitud, quizás, la persona es tomada en serio, recibe más atención o controla mejor el entorno.

Plantearse el cambio

¿Para qué va a cambiar de actitud si la actual le reporta beneficios? ¿Se va a arriesgar? ¿Qué puede esperar del cambio?

Mejoras en su autoestima, en la confianza en sí misma, en sus relaciones y, sí, hasta en su salud física.

Todo un caudal de ganancias que se acumula dando pequeños pasos de los que tanto hemos hablado:

  • Cuidar de sí misma: descansar, buscar estrategias para manejar el estrés, hacer ejercicio, tomar aire fresco, etc.
  • No compararse con otros, si no es para aprender algo.
  • Alejarse de gente negativa y acercarse a gente constructiva.
  • Hablarse a sí misma sin reproches, culpas o victimismos, sino como lo haría un buen amigo.
  • Llevar un estilo de vida activo; tener algo que hacer (planes, objetivos, retos) y celebrar los pequeños logros,echarle una dosis de humor a cada día.

  ¿Compensa cambiar?

A ti, si es eres esa persona interesada en tener una actitud más positiva, es a quien  le corresponde decidir.

Yo sólo puedo decirte que, aunque hay momentos en los que cuesta avanzar,  pienso seguir por este camino y lo recomiendo. Para mí, vale la pena el cambio.

Siempre tenemos que mirar hacia adelante sin miedo a  nada,por lo general todos tenemos miedo al cambio,lo importante es ser positivo ante las situaciones que la vida nos ponga.

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