Dicen que siempre regresas al lugar en donde amaste la vida, y moría por qué no fuera verdad. Los que me conocen saben que hecho hasta lo imposible por no toparme de nuevo con tu sonrisa que me desbarataría el alma en un santiamén, me he valido de todos los medios existentes para no chocar de frente con la ráfaga de ti, harías un huracán dentro de mi sin que te dieras cuenta.

Después de tantas despedidas, de tantas veces que nos dijimos adiós para siempre, siempre terminábamos entregados el uno al otro, jamás supimos decir adiós en verdad.

together

 Intenté borrar las marcas de tus manos con otros besos, quise encontrar el olor de tu piel en la de alguien más, me aferré por un tiempo a dejarte escapar de mis manos mientras alguien más me abrazaba. Pesé a todo ese intento de dejarte lejos de mi vista, y así poco a poco extirparte de mi alma y de mi cuerpo, volví a tropezar contigo, y descubrí que jamás seré inmune a tu encanto.

Sigues siendo el mismo, aquel elegante y guapo caballero que sabe tatar a una mujer, el mismo que sabe hacerla reír, sigues teniendo el don para derretir a cualquier chica que te mira, no se diga con la que tiene el placer y la dicha de abrazarte, no se diga, con aquella que puede llamarte “amor”.

Con solo verte, me di cuenta que es imposible sacar algo de la cabeza cuando no puedes arrancarlo del corazón, sigues ahí, estas arraigado, anclado. Como era de esperarse, el huracán de sentimientos abatió con toda la fortaleza que creí haber obtenido con tu ausencia, las manos me sudaban, las piernas no podían mi cuerpo, y sé que mis ojos lanzaban chispas como la primera vez.

Han escuchado eso de que hay veces que te encuentras con la persona correcta en el momento equivocado, eso me paso contigo, pues cuando el destino coincidió tu camino con el mío, éramos un derroche de inmadurez, solo queríamos salir temprano del colegio y salir, conocer, comernos el mundo a puños, no supimos ver que lo que teníamos valía la pena, nos dejamos ir… yo te dejé ir.

También dicen que las chicas maduramos primero, yo fui la excepción, recuerdo ese día en que terminamos, tú te veías destrozado por que estabas seguro de querer estar conmigo, el error fue mío, me dejé llevar, ese dolor que vi en tus ojos, lo pago cada día de mi vida y con muchos intereses, no debí dejarte ir, no debí echarte de mi vida así.

Teníamos algo, me amabas, sé que me amabas, ahora solo coincidimos de vez en  vez en siempre para revolcar mi interior cuando tu mirada cruza con la mía, esas incidencias son las que hacen que el hilo rojo de nuestra vida siga uniéndonos en determinadas ocasiones, pero cada página nueva que escribimos, nunca logramos ponerle un final menos dramático y doloroso, al menos para mí. Nunca punto final siempre hay tres puntos suspensivos que no nos llevan nunca a terminar

Ahora, por mi parte soy experta en relaciones fallidas, pues me empeño en buscar en ellos lo que tenia contigo, quiero tus ojos, tus brazos, tus tratos, quiero encontrarlos en alguien más pero hasta el momento no lo he logrado. Tú tienes esa relación, estable en la que siempre aparezco.

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Como dije ese hilo rojo siempre nos une, soy la que buscas los domingos para comer con tu familia, soy esa ex que odia tu novia, soy por quien preguntan tus amigos, soy la que jamás ha dejado de pertenecer en tu vida, no me llena de orgullo pues indirectamente me entrometo en tu relación, intento no buscarte pero siempre me encuentras.

Si pudiéramos cambiar el tiempo, si pudiera manejar al historia, yo no sería la “ex”, siempre estaré en tu vida y sobre todo en tu mente, no podemos tener más, no me gusta tener solo eso que tengo pero me conformo, eres de los que se van pero arrasan.  Siempre vuelves a mi incluso después de decir adiós.

Tu elevaste mis expectativas respecto al amor, ahora sé que aunque siga fállando en querer encontrarte, si no eres tú no será nadie.

Aunque siempre encuentres a alguien, seré yo a la que sanes, a la que llames, a la que ames…

Autoría: Stepha Castro



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