Buscamos inspiración, como la bocanada de viento que nos ayude a salir de la sofocante rutina, de la monotonía o de la parálisis que da la falta de seguridad.

Necesitamos inspiración y, afortunadamente, existen variadas fuentes donde encontrarla: libros, canciones, frases, películas… O, saliéndonos de ahí: Un paseo por el parque; una puesta de sol; una conversación con esa persona que nos comprende tan bien…

Entonces, ocurre. La encontramos. Y ese viento favorable nos empuja hacia adelante, mientras dejamos atrás cualquier pensamiento negativo.

Al fin, comienzan a crecer el entusiasmo, la alegría y, con ellos, el deseo de llevar a cabo un cambio positivo.

Por eso buscamos inspiración

Porque sabemos que podemos conseguir lo que nos hemos propuesto oqueremos creerlo y, quizás, esa bocanada de aire nos puede impulsar en esa dirección.

Pero, en esa búsqueda, también pueden ocurrir dos cosas decepcionantes:

La primera, que encontremos poca inspiración, si es que encontramos alguna.

La segunda, que nos regodeemos en esa bocanada de aire y perdamos el tiempo inspirándonos y “re-inspirándonos” sin pasar a la acción.

¿Qué hacer en esas situaciones?

¿Falta de inspiración? No estaría mal seguir el consejo de Pablo Picasso, que nos recomendaba no esperar a la inspiración:

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La inspiración existe, pero tiene que encontrarte trabajando.

 

 

¡Qué razón lleva ese consejo! Basta mirar atrás, para que cada uno de nosotros recuerde alguna ocasión en la que la inspiración no llegó al inicio, sino una vez entrados en materia.

Ese único recuerdo ya es inspirador. La inspiración llega más fácilmente cuando damos el primer paso… y el segundo, sin esperarla.

Lo mismo pasa con la tentación de buscar inspiración y más inspiraciónpostergando el momento de pasar a la acción. ¿Cuánta necesitamos? ¿Para qué la queremos si no arrancamos de una vez?

Es cierto que podemos pasar horas enteras leyendo algo inspirador, viendo vídeos motivacionales… O qué sé yo. Como sabemos, las fuentes donde acudir son tantísimas…

Pongamos remedio a esto, si te parece. Porque la inspiración sin trabajo vale poco. Tan sólo es eso: la bocanada de viento que nos ayuda a arrancar.

Una bocanada sólo. No es necesario un vendaval ni un huracán de inspiración. Y, muchas veces, no es necesario acudir a fuentes externas.

Porque…

Tú eres una fuente de inspiración

Sí, tú mismo. Tú que lees esto. Quizás necesites la inspiración apropiada y no hayas mirado en el sitio más cercano: dentro de ti.

La inspiración también comienza a soplar cuando recuerdas cada cosa grande o pequeña que has logrado paso a paso. Cada cosa que has hecho.

No siempre tuviste el viento a favor. No siempre te llevó la inspiración en volandas. ¿O acaso no recuerdas un buen puñado de momentos en los que te costó moverte y sacaste fuerzas de flaqueza?

Los hubo. Y te pusiste en marcha al estilo Picasso. Unas veces la inspiración te sonrió y otras tuviste que recorrer un largo trecho sin ella.Pero lo hiciste.

Cuando tengas dudas; cuando estés atascado y quieras moverte… recuerda todas esas ocasiones en las que, aun sin viento que te ayudara, tuviste el coraje de dar un paso más… y otro… y otro.

¿Por qué no esta vez?

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Fuente por: Tus buenos momentos.



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