Aún no encuentro la respuesta de nuestro adiós. No logro comprender porqué nos hicimos tanto daño, porqué algo que inició tan bonito tuvo que terminar así. ¿Recuerdas la primera vez que nos conocimos? Yo sí… fue un momento inolvidable no lo crees, aún tengo guardado ese día magnífico cuando por primera vez te intimidé con mi mirada, aquella ocasión cuando te hablé, tu sólo te apenabas y agachabas, Como pensar que eras más aventado que yo…

¿Y recuerdas cuando por primera vez me invitaste a un baile? ¡Sí!nuestro primer baile. Cuando aún sólo éramos amigos, nuestras miradas se cruzaron y esa noche, en esa noche cristalina, en esa grandiosa noche nos dimos por primera vez un beso. Como olvidarlo, si fue lo más hermoso que pude haber sentido.

Tus manos se entrelazaron con los míos y desde ese momento no quise jamás separarme de tí, fue un sentimiento totalmente extraño, pues ahora sentía que tú y yo sólo éramos uno sólo, una sola persona. ¡Y como olvidar nuestra primera vez! Al menos yo lo tengo presente siempre, esa noche cuando tú abusaste de mí, bueno no, ambos aprovechamos el momento y nos dejamos llevar por el deseo, esas ganas irresistibles de probar nuestro cuerpo, que gran noche, desde esa primera vez me hiciste sentir mujer, con esas tiernas pero a la vez salvajes caricias, me encantó ese momento, fue mi mejor y más preferible noche. Desde ese día nuestra historia se comenzó a escribir, tú eras mi existir, tú mi razón de vivir y soñar, comencé a realizar planes a futuro, proyectos de vida contigo a mi lado, siempre estabas tú, tú en mis noches, en mis días, en mis horas, minutos y segundos, en cada amanecer le daba gracias a Dios por haberme permitido despertar a tu lado, así mismo le rogué que siempre permanezcamos juntos.

En cada respirar, estabas tú mi amor, estaba tu delicadeza con la que me tratabas, estabas siempre tú mi niño hermoso. Creo que jamás comprenderé en qué momento se acabó la magia, nuestra chispa de alegría, no se en qué momento se fue perdiendo esas risas, esos detalles, esos espacios en donde sólo existíamos tú y yo. Nunca imaginé mi vida sin tí, pues lo más lamentable es que mi vida futura lo proyecté contigo a mi lado, juntos formando una hermosa familia, nuestros hijos tú y yo, ¡sí! esa gran familia que tanto anhelé, esa linda familia de la que siempre te hablé. Pero tú no lo quisiste así. No te guardo rencor, mucho menos odio, pues lo único que me diste fue tu amor, me enseñaste a amar, a creer, a confiar, a reír, a ver mis mañanas como una oportunidad más de seguir luchando, de vencer cualquier obstáculo que se atraviese en nuestro camino, tantas cosas que aprendí a tu lado. Claro, y por qué no decirlo, contigo pasé momentos de tristeza, de llanto, donde por cada lágrima aprendí a superarme, aprendí a levantarme aunque esté fuerte la tempestad.

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Pienso que más de una ocasión te ayudé a levantarte en tus tropiezos, te ayudé a que con una sonrisa digas ¡sí puedo! Creo que nunca terminaste de comprender y aceptar que lo único que quise para tí fue tu bienestar, para que en un futuro seas el mejor padre de mis hijos, para que ante cada derrota estemos ambos para levantarnos y así logremos superar todos los obstáculos. Amor mío o tal vez ya no mío, solo te pido que me perdones por todas las veces que te fallé, tu bien sabes que nunca fue esa mi intención. La verdad no se si perdonarte lo que me has hecho, pues para qué mentirte, si aún no he superado que hayas cambiado mis labios por otros, y que te hayas visto reflejado en otros ojos, en otra mirada, no se si con el tiempo logre asimilar que te has marchado y que nuestro adiós a sido para siempre. Te amo.

Por: Zilvia Martínez



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