Quizá mi soberbia ha llegado a su fin. Es por ello que hoy me decido a escribir estas líneas que van dedicadas a ti.
Sería deshonesto no admitir que cometí muchos errores contigo. Desde el primer día fue así. No fui sincero contigo, lo peor de todo es que tampoco lo fui conmigo mismo. Pensé que en ti encontraría aquello en lo que hace años había perdido la fe. Aquel sentimiento que nos hace más grandes, más fuertes y soñadores. Por ello, dejé correr los días en el calendario y te permití pasarlos a mi lado. Con aquella inconsciencia de que podría ocurrir lo peor… Terminarías enamorada de mí.
Y ocurrió. Y aun así continuamos. Pensé que pasando el tiempo lograría sentir lo mismo que tú sentías por mí. Pensé que por fin lograría sentirme pleno y feliz a tu lado, al lado de alguien tan maravilloso que llegó de manera inesperada a mi vida, tocando cada fibra, lo profundo de mi ser.
Perdóname. Todo lo que soñé forjar a tu lado no pudo ser. No logré amarte como lo deseaba, como tú lo esperabas. Te fallé. Dejé que te enamorarás cada día un poco más de mí. Que continuaras haciéndote ilusiones, que continuaras con los planes y lo sueños que alguna vez deseamos lograr juntos y los cuales supe desde un principio que jamás se concretarían. Aun así no tuve la valentía ni el coraje de decírtelo. Permití que continuaras soñando despierta, que me incluyeras en tu mundo cuando tú ni siquiera puedo decir que fuiste parte de él en aquel entonces.
Y aun consciente de todo lo que yo significaba y representaba para ti, me fui. No quise siquiera voltear para atrás. Sabía que tus lágrimas podrían causar algún efecto en mí o tal vez no. Aun así no quise arriesgarme a saberlo. Te supe mal. Triste, deprimida. Con un amargo llanto que supe desde el inicio en algún momento existiría. Te imaginé sola, sin refugio, sin consuelo alguno.

Aun me dueles

Pero me mantuve firme en mi decisión de alejarme de ti. Hasta que me buscaste, me encaraste y me dejaste verte como nunca antes te vi. Indefensa, vulnerable, rota. Y como todo un cobarde encendí una nueva esperanza en tu corazón. Esa noche te lleve hasta mi habitación. Como un lobo hambriento hice mío hasta el más profundo rincón de tu cuerpo. Disfruté de tus caricias, de tus gestos, de tus besos. Con mi lengua recorrí toda tu piel. Disfruté el sentir tus uñas encajadas en mi espalda. Tú gemir, tú sentir. Escuchar tu voz entrecortada pidiéndome que no parara. Te hice el amor hasta dejarte exhausta. Y con un falso beso en la frente, te prometí que un día nuestros caminos se volverían a cruzar. Te hice creer que estábamos destinados y que tarde o temprano las cosas cambiarían a NUESTRO favor. Aunque en realidad contigo, en lo que tuvimos, esa palabra jamás existió.


Hoy después de un tiempo me doy cuenta del sinfín de errores que cometí contigo. El sufrimiento injustificado que te causé por mi pobreza de sentimientos, mi cobardía, mi egoísmo.
Después de pasar tantos amaneceres sin ti, sin tu compañía, sin tu calor, tu amor, he aprendido mi lección. He descubierto que increíblemente tú, a quien yo le rompí el corazón, ha sido la única mujer que en verdad me amó. Amó cada parte de mí, todo mi ser, todo lo que soy, con mis defectos y virtudes, con mis miedos y mis fallos. Amó a aquel hombre que no era nada y siendo nada siempre lo hiciste sentir grande e importante. Tú, tan bondadosa y de una pura alma. Nunca pude encontrar quien te igualara. Nunca pude encontrarte incluso por partes en otras. Nunca volví a sentirme igual como cuando estaba contigo. He tenido días buenos, pero no aquellos maravillosos que compartiste conmigo.
Después de este tiempo lejos de ti. Después de creer que te había olvidado. De pensar que no habías significado nada para mí. Confieso con toda sinceridad: YO TAMBIÉN ME ENAMORÉ DE TI.

Aun me dueles

Y no lo comprobé de lleno hasta el día en que comencé a sentir cada vez más fuerte tu ausencia. No sólo física. También aquellas señales que me dejaban ver que aún me pensabas y me echabas de menos. Aquel día en que de lejos ya no podía escuchar más los latidos de tu corazón. Y con todo aquel dolor y tristeza que alguna vez tú sentiste por culpa mía, lo asumí. Entendí que te habías cansado de esperar mi llegada, para hacer realidad aquella esperanza que alguna vez te di. Entendí que te cansaste de luchar por una palabra que sólo para ti tenía gran significado “nosotros”. Te cansaste de sentirte sola y devastada. Te cansaste de mí.
Hoy, no sabes la falta que me haces. Lo mucho que deseo regresar el tiempo y arriesgarme en aquella oportunidad que tanto me pediste. Sé, que de haberlo hecho hoy serías mía y seríamos felices. Te dejé ir sin imaginar que más tarde que temprano te necesitaría como no necesité nunca a nadie más. Sembré aquella última esperanza en tu corazón para que te mantuvieras firme, de pie, como aquella mujer valiente y admirable que conocí.
Pero me alejé y te dejé libre esperando que encontrarás a alguien mejor que yo. Sin pasado, sin cicatrices. Alguien que te amara como tú te mereces, desde el primer día y para siempre. Alguien que estuviera a la altura del sentimiento tan grande y puro que eres capaz de sentir por una persona.

Aun me dueles

Y lo encontraste… Te vi. Acerté al decir que el destino nos volvería a cruzar, sin embargo no fue para darnos una oportunidad, fue para que yo pudiera comprobar que efectivamente encontraste a alguien más. Lucías tan feliz y tus enormes y bellos ojos tenían nuevamente ese brillo que habían perdido a causa del sinfín de lágrimas que te hice derramar. No podías parar de sonreír. No podías parar de mostrar la dicha que sentías con él.
Comprobé así que te amaba desde lo más profundo de su ser. Desee tanto ser él. TARDE me di cuenta lo mucho que significas para mí. Lo afortunado que fui al haberte conocido. Y con tus risas no pude evitar sonreír con tristeza.

Hoy, después de tanto tiempo te sigo recordando con un profundo amor, con una profunda tristeza. Aún me dueles en lo profundo del alma, pero eres feliz y esa es mi paga.

Autor : Stepha Salcas



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