Mi corazón no encuentra reposo y es que las cosas por acá cada vez se ponen más confusas, confunden mi conciencia y la cubren con nubes negras. Aparentemente lloverá pronto y yo me encuentro perdida, no encuentro llave segura que abra la puerta correcta.

Recuerdo mi infancia, llena de sonrisas, alegrías y lecciones. ¿Dónde están esos cuentos de animales que hablaban y se enseñaban la respuesta correcta? Ya perdí las alas que me cubrían de la lluvia fría, los días pasan y sigo recordando cuentos fantásticos que resolvían la vida de sus personajes en finales felices.

Se han hecho muchos los días, las responsabilidades crecieron y yo con ellos, lo sé porque vuelven sus miradas a mi mente, vuelve su aroma y las sensaciones vienen con los recuerdos. Necesito que alguien comparta el peso de mis hombros y sé quien es adecuado. Pero temo al rechazo.

Mis sueños son numerosos y espero con paciencia que llegue aquél día de nuevo; ese día en donde mi casa se llenaba con el olor de rosas, recamarás llenas de flores blancas… inundaban con olor a miel.

Es difícil tomar un camino y viajar sólo, pero en algún momento he de encontrar a alguien que me acompañe, porque me he vuelto apta para poder hallarlo. Mientras estoy sola, siento que mi corazón no puede ni llorar, porque mis lagrimas no tienen color, mi llanto no tiene razón; debo reservar para el día en el que tenga más de una razón.

Él aún es un extraño, esta lejos, pero en cualquier momento he de encontrarlo para que siempre se quede a mi lado.



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