Después de algunas desilusiones y de otras tantas relaciones fallidas, aprendí que cada uno de nosotros somos los responsables de marcar la pauta para recibir el amor que merecemos.

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Es cierto que la inexperiencia nos hace conformarnos con cariños que quieren a medias, de esos que no tienen la intención de quedarse, de esos que no saben entregar el corazón.

Así es el arte de vivir, a veces las grandes lecciones se aprenden con base en grandes dolores, a veces es necesario llorar, sufrir, pasarla mal, para aprender a valorarnos mucho más, para aprender a determinar cuándo vale la pena luchar, o en su defecto, es mejor  alejarse sin mirar atrás.

Creo que así es como aprendemos todos, o por lo menos así  aprendí yo…

Entendí que si alguien quiere estar en tu vida, no hay excusas, ni pretextos que lo impidan.

El amor debe darse siempre en toda la extensión, sin miedo, sin recato, entregando lo mejor.

Entendí que si alguien te quiere, te lo demuestra, con besos, con palabras, pero sobretodo con hechos.

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Entendí también, que hay personas que van de paso, causando a veces sinsabores y desengaños, pero incluso de ellos, también se aprende algo, pues es cierto que los dolores nos vuelven mucho más sabios

Por mi parte, nunca más volveré a conformarme con las sobras de un amor cobarde, ahora sé que mi amor lo vale todo, pues soy mujer que sabe entregarse.

No, ya no me resigno a quedarme con alguien que no sepa valorarme, pues ahora me valoro a mí misma y eso es lo más importante.

No puede ser de otra forma,  la realidad es que no se puede amar poco, o amar mucho, pues el amor verdadero fluye, se da a raudales.

Autor:    Señorita Libélula.

 

 

 

 



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