“Llegó el día que tanto temía que llegara…”

Después de tantas noches de agonía por tenerte lejos y anhelarte, ahora caigo en cuenta que debo soltarte y dejarte ir, sí… Darte ese adiós que tanto necesitas para estar tranquilo en otro lugar, que no sea conmigo.

Los días siguieron pasando y yo seguí sufriendo por tu ausencia, aún siento esa sensación de asfixia por no tenerte conmigo. Me dejaste con tanto amor para ti y tantos planes a futuro. Ahora entiendo que no debes entregar tu corazón a una persona que no está dispuesta a entregarte el suyo, eso nunca conlleva a un final feliz, sino a un vacío en tu pecho.

Me tardé en comprender que nunca sería real aquella historia que me solías contar acerca de nosotros dos en un futuro cercano. Fui demasiado ingenua a mi parecer, ciegamente te seguí y te amé con el corazón abierto sólo para ti.

Ahora sé, que por más amor que sienta por ti, si algún día decides regresar para estar a mi lado, dudo que te quiera de vuelta, dejaste heridas que son difíciles de olvidar y de sanar sólo el tiempo me ayudará a sanarlas.

¡No supiste querer!

De tu boca sólo salían mentiras bonitas, en algún momento realmente sentí que me querías, pero ¿cómo llegué a pensar eso?, si a la persona que se dice querer no se le hace sufrir en lo absoluto. Y por ti, ya he sufrido bastante.

Quiero que salgas de cada uno de mis sentidos, de mi piel, quiero olvidar tus recuerdos y tu esencia que tan grabada la tengo en mi mente.

Y aunque el recuerdo me haga extrañarte cada día más, debo seguir mi camino, pues obligadamente he aprendido a “decirte adiós y dejarte ir”.

Siempre serás mi recuerdo favorito, aquello que tuve un ratito de mi vida y adoré a cada minuto, aquello que me quitaba el sueño por las noches y me dejaba una sonrisa inigualable, aquello… Qué no volveré a tener.

 

por Mónica Herrera

 



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