La vida siempre nos tiene preparadas muchas sorpresas, a veces nos tiende trampas, pero estas son pruebas a las que nos someternos y sirven para verificar si en realidad hemos aprendido de aquellas cosas que un día tanto nos lastimaron.

Antes de dar un paso en falso, recuerda las veces que caminaste a ciegas, recuerda todas esas veces que caminaste sin quitarte el velo de tus ojos, recuerda las caídas y los tropezones que diste. Las caídas y ese dolor que causan no se olvidan, antes de andar a tientas mira tus cicatrices.

Si a tu vida regresan siluetas del pasado y regresan para intentar andar a tu lado, primero remueve tus recuerdos y revisa los antecedentes de ellos en tu vida, valórate un poco más, como para sentirte digna de someter a las personas a un juicio y decidir si corres peligro de más heridas.

Siéntete digna de sobreponer tu valor como persona por encima de los intereses personales y ególatras de las otras personas que te rodean con máscaras de amistad y amabilidad, no es difícil darte cuenta quién se muestra sincero y quién miente. Observa.

Tu cuerpo es hermoso como para tenerlo repleto de marcas, esas que dejan las personas a lo largo de nuestra vida, cuida tu corazón como un rubí precioso que no cualquiera puede obtener. Si tú misma no te sientes con el valor que posees, nadie lo va a asentir por ti.

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Cuídate tú misma, porque nadie va a acompañarte para estarte cuidando, recuerda tu pasado. Para eso tienes memoria, para poder recordar que a veces las situaciones son injustas, aprende de cada error y siéntete bien con cada éxito, pero no tropieces dos veces con el mismo obstáculo.

Recuerda, recuerda cual es el disfraz de las personas que se alimentan de tu felicidad, recuerda la cara de quienes que lastimaron, recuerda cuales fueron tus soluciones y tus herramientas para salir adelante.



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