Siempre escuché decir a mi abuelita que el corazón nunca envejece para sentir ni soñar con el hombre que te marca de por vida. Lo cierto es que ella tiene mucha razón… Hay amores que con el paso del tiempo nunca se olvidan, solo están dormidos, esperando ser alimentados nuevamente…

Lo conocí en la boda de una amiga, de hecho lo llevaron a propósito para presentármelo, (ya que yo era demasiado tímida) pero nunca creí que ese hombre sin mayor atractivo más que el ser de otro país, fuera a producir en mi tantos sentimientos…

Ese día supe que era diferente, a pesar de ser discapacitado y contar con una prótesis, era muy positivo en la vida, tenía una forma diferente de vivir y disfrutar, y no se quejaba por nada como muchos de nosotros lo hacemos siempre… Me enamoré de todo eso. .. De los detalles, de las palabras, del sonido de su voz y de su hermoso acento extranjero…

Los siguientes meses fui envuelta en una aventura mágica, viviendo al límite, rompiendo mis propias barreras, pero sin una esperanza en la relación… Él debía regresar a su país y nunca más lo volvería a ver…

El día no deseado llegó, y lloré como una niña que está perdida de sus padres, lloré con rabia por no poder detener el tiempo y que se quedara conmigo… Lloré porque no tenía los recursos para volver a verlo… Lloré porque él no me prometía nada de lo que yo quería…

Y se fue… de nada valieron mis lágrimas porque ese hombre que me había cambiado la vida, la forma de ver las cosas, que había derribado mis propias barreras de timidez no había sido capaz de darme una ilusión futura, ni una palabra de esperanza, nada…

Con el tiempo tanto rencor me hizo pensar que lo odiaba… no lo perdonaba por no haber luchado por mí de la manera que yo deseaba… Lo culpaba de haber jugado con mis sentimientos, sin embargo el nunca prometió nada, fui yo quien construyó el castillo en la arena que el mar deshizo con las olas…

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Cinco años después, ahora que estoy en una relación seria, con alguien que dice amarme, el vuelve… vuelve a derribar mis muros nuevamente, a hacerme sentir y recordar los mejores días de mi vida… y yo siento todo eso vivido como si nada hubiera pasado…

No sé cuántos años más pasarán para que vuelva a verlo, su estadía fue tan corta pero refrescante a mi vida… Genera confusión, sin embargo sigo recordando las palabras de mi abuelita: “La mujer debe seguir su vida y no esperar un hombre que no llegará… sin embargo eso no significa que deje de ser nuestro amor eterno”

 



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