Sin darme cuenta, entré a su juego y acepté todas y cada una de sus reglas, y no eran pocas, al principio me resultaba sencillo y sumamente divertido.

Ambos estábamos entregados a ese embriagante juego que llamábamos amor pero sin el mundo de problemas que conlleva una seria relación, lo nuestro era un amor libre, uno sin ataduras.

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Cuando te enteres de las reglas, te darás una gran idea del contexto en que redactamos nuestra historia, en nuestro “romántico” juego, no estaba permitido presentarnos con nuestros conocidos o amigos como “novios”, no seguíamos los principios básicos de una relación normal, pasábamos mucho tiempo juntos pero rara era la vez en que os decíamos apodos tiernos, jamás lo llamé amor, ni él a mí, podíamos caminar de la mano, pero también podíamos hacerlo  de la mano de alguien más, es decir, rompimos con todo contrato de exclusividad, la fidelidad no era base en nuestra relación.

Teníamos varias prohibiciones que eran inamovibles, una de ellas, era que no se podía sentir celos, si acaso llegaban, era imposible hacerlos notorios, nos los teníamos que tragar, se atoraban en la garganta pero no los podías decir, se cómo se sentían por que los llegué a tener, y aunque lo niegue se que el también los tuvo. Otra prohibición y esa quizá era la más importante, está completamente prohibido enamorarse.

Estoy segura que fui presa de serios prejuicios de cualquier persona hacia mí, pues me decían, que él jugaba conmigo, que era la otra, la amante, pero no era así, ni yo tenía un titulo, como tampoco lo tenían todas las demás, sí éramos muchas, pero distinto con cada una.

Como dije, al principio fue divertido, pero hasta qué punto es correcto, hasta qué punto es sano compartir ese tipo de relación, y cabe destacar que yo era la única que compartía, pues en mi nunca hubo otra relación cuando estaba con eso, a lo que llamábamos  “amor sin compromisos”. Pero después comprendí que era amor era ilusión a ratitos, de esas cosas que te encantan pero jamás cambian, nunca evolucionan, solo se estancan y sí, también lastiman.

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La respuesta es sencilla, tu interior rompió la prohibición más fuerte, si miras un poquito adentro, te darás cuenta que tal paree que tu si te enamoraste, pero no lo puedes decir.

Estás consciente que atraviesas por el largo sedero del juego de 11 espadas llamado amor sin compromisos.

Quedarás perdida en ese doloroso laberinto hasta que te des cuenta que estas jugando un juego en donde solo pierde el corazón.



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