Cuando hice el viaje de México a España, me tocó ir en el avión con una agradable mujer y su hermano. Al aterrizar, me preguntaron si alguien me recogería. Entonces recordé que mi esposo me había dicho que al bajar del avión tomara un taxi que me llevara a casa, sin importar cuánto me cobrara. Les dije que no, nadie me iba a recoger. Entonces ellos amablemente se ofrecieron a acercarme un poco a mi destino; les quedaba algo cerca pero luego tendrían que desviarse, entonces yo debería seguir sola.

Nunca me había puesto a pensar en eso pero, ¿por qué mi esposo no me había recogido? El hecho de que dos completos extraños se ofrecieran a acercarme y mi esposo no haya sido capaz de ir por mí, me hizo sentir un poco mal.

Al fin me despedí cordialmente de mis acompañantes y proseguí mi camino. Me habían dejado en la carretera, y yo iba cargada con muchas bolsas. Como pude, zafé una de mis manos de mi cargamento para pedir un taxi, pero fue inútil, no pasaba ninguno vacío. No tuve más remedio que seguir caminando por la carretera.

Después de un largo rato me topé con una parada de autobuses y me subí a uno. Luego abordé el trolebús y, finalmente, encontré un taxi que me llevó a casa. Al llegar, caí agotada al piso con todo y bolsas. Mi esposo estaría haciendo algo muy importante en la computadora, porque no fue a atenderme inmediatamente, sólo reaccionó al ruido y dijo: “¿ya llegaste, amor?” Y yo por dentro pensando: “¿pero qué hago yo con esta persona a mi lado?” Y ya lo podía anticipar, diciéndome que fue muy mala idea haberme subido al auto de mis compañeros de viaje, que él no me pudo recoger porque no tiene coche y no tendría caso echarse la vuelta. Y si yo le contradecía, me diría que yo simplemente estaba buscando razones para pelear. Definitivamente algo andaba mal en nuestra relación.

Algunos meses después, me di el tiempo de analizar el problema detenidamente. Estaba viendo la televisión y me encontré un reality show que mostraba la vida de la familia Osbourne. La mamá llevó a sus hijos al aeropuerto para recibir a Ozzy mientras los niños refunfuñaban: “¿por qué tenemos que ir a recogerlo?” Ella les decía: “¡pues porque lo queremos!”. Los niños parecían entender y se calmaban.

Entonces comprendí. No vamos al aeropuerto a recoger a las personas queridas porque no puedan irse solas o porque traigan mucho equipaje. Vamos porque los queremos. Vamos porque deseamos que sepan que son tan importantes para nosotros como para merecer ese gesto.

Yo nunca quise una pareja que me dijera “pide un taxi”. Quise formar una pareja para que alguien me esperara con alegría luego de un viaje, que se tomara la molestia de buscarme entre la multitud y recibirme con un abrazo.

Las relaciones que valen la pena merecen que te esfuerces por ellas. Ozzy Ousborne es tan rico que puede pagar un chofer privado para que pase por él al aeropuerto, pero aún con eso tiene una familia a la que no le da igual si llega o no, una familia que va a recogerlo sin aparente necesidad. Y aunque yo no soy Ozzy Ousborne, quiero una pareja a la que le importe como a ella le importa él.

¿Será que aquellas personas a las que les da flojera recoger, escuchar, platicar o tener un detalle con sus parejas ya no sienten amor por ellas? O quizá nunca lo sintieron.

Una vez vi una película en la que alguien dijo: “Tú crees que mi esposa es mega monstruo porque crees que debo recogerla en el aeropuerto. Y yo creo que quiero estar allí para recibirla. Esa es toda la diferencia”.

Idea original: Natalya Radulova



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