Todos cometemos errores, mi error fue creer que siempre estarías ahí esperando por mí, mi error fue hacerme extrañar mientras me olvidabas, mi error fue comprar aquella lencería y no enseñártela, mi error fue pensar que al igual que yo morías por escribirme y solucionar todo, pero el mayor de los errores que he cometido es quizá no querer soltar y es que cuando se ama algo así no está en los planes.

Llevábamos cuatro años de relación, ese ultimo año fue amargo, los bruscos juegos de la vida hicieron que la distancia protagonizara esta vez nuestra bella historia y fueron las constantes discusiones y sobresaltos en la relación las que más de una vez lograron cortar nuestra respiración. No voy a negarte que esa ultima vez que terminamos lo sentí definitivo, pero fue la noticia de un pronto regreso la que me hizo sentir viva y sobre todo le dio alas a ese sueño que juntos creamos de estar juntos para siempre. Aquel día en que te vi después de casi tres meses el corazón parecía que se me iba a salir, aunque no éramos novios fueron inevitables aquellos besos que una vez más reafirmaban el amor que nacía de cada uno, tantos sentimientos se dispararon, pero aún así quise hacerme la dura, pues esa mascara de niña mala siempre pareció ser la más conveniente al momento de dramatizar cualquier situación, te pedí que te fueras y evitaras buscarme, aún sabiendo que era lo que más deseaba, un mensaje tuyo.

En realidad lo único que quería era revivir todo de nuevo y que me recordaras lo mucho que me amabas por medio de actos, actos que motivaran mi alma y mi cuerpo a entregarse nuevamente a ti… pero los días pasaron y aunque el plan era otro decidí buscarte, decidí despojarme de todo ese orgullo que separaba a la felicidad de mí, un mes después te escribí y a cambio de eso recibí la dolorosa noticia de que la dueña de mi felicidad ahora era otra.

Esa chica a la que meses antes habías conocido, ella que logro hacer que soltaras una historia de cuatro años, ella que vislumbró tus ojos después de tanta desestabilidad, aquella por la que resignaste tu conciencia a una vida sin problemas.

Quizá mi amor no era el mejor, estaba lleno de imperfectos, discusiones y miles de dolores de cabeza, era muy extraño pero real, puro y lleno de momentos y sentimientos que dar y seguir compartiendo, aquellos que al decir no frustraste .

Nunca podré negar que fueron esas ultimas palabras las que crearon una presión en mi pecho, aquellas que no me dejaban respirar y no consolaban mi alma que tanto lloraba de dolor.

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Fuimos ese primer amor, nos entregamos en cuerpo y alma con toda la inocencia del mundo, fuimos muy felices y nos enseñamos tantas cosas importantes como lo fue llevar el verbo amar a la práctica.

Hoy solo me queda por decir GRACIAS, agradecerte cada momento y cada enseñanza, por ser mi maestro en el amor, por demostrarme que no todo es felicidad, también llega el momento de llorar, pues en realidad nunca creí que el amor de mi vida sería el mismo que rompería mi corazón en mil pedazos, y aunque aquí no finalizó una historia del montón sino la historia que nos presentó al amor de nuestras vidas me queda claro que así como dicen los mayores, solo se ama una vez, el amor verdadero es tan solo el primero y los demás son solo para olvidar, pues con esa intensidad con la que me amaste y con la que te amé no lograremos amar a nadie y aunque estés con ella sabes que cada día me cruzaré en tus pensamientos y cada noche posaré en tus sueños.

Amor, nos vemos más adelante, porque como dijiste una vez

“Mis ganas de ti no se van, se acumulan con el tiempo”

amor de mi vida tenemos una cita nuevamente en el futuro con el fin de continuar escribiendo nuestra historia, seamos felices y aprendamos para que al reencontrarnos no sigamos siendo los niños torpes del pasado.

Por: Niky



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