Quizás en la próxima esquina, ahí, en el momento más inesperado y lugar más recóndito, se encuentra la persona capaz de escuchar las historias que habitan en esos ojos cafés cansados de ser llanto. Tal vez, el destino te tiene reservado una plaza en la institución del amor. Mientras tú te lamentas, no haces nada por salir ahí fuera y toparte con el por sorpresa, simplemente te martirizas contándote una y otra vez la misma historia sin final resuelto.

Crees que no encajas en este puzzle de sentimientos contradictorios, piensas que el juego no está hecho a tu medida, que las cosas nunca salen como esperabas o que no existe una persona dispuesta a entregarse al igual que lo harías tú.

 

¿Demasiado romántico para unos tiempos en los que saltar de flor en flor está a la orden del día?; lamento decirte que enhorabuena, eres una especie en extinción en plena crisis de escasez afectiva. Es así como debería funcionar el ser humano, atravesando el camino de la verdad y no escogiendo billetes de excusas baratas que no llevan a ningún puerto, emociones con una fecha de expiración y corazones partidos sin arreglo que valga.

Sí, así actúa está patética sociedad, deseo y lujuria son las palabras de moda, pero, ahí fuera, podrás sorprenderte, porque dentro de muchos individuos consumidos por la traición, en un rincón de ellos, vive la esperanza de toparse en la siguiente esquina con quién cambie las reglas del juego en el que viven, parecerá un desatino, pero no estás solo. Por ello, sal, rompe el caparazón que has construido como fortaleza, libera la furia que construyeron las palabras que nunca oíste y sé tú, en tu más pura esencia, ya que eso, eso amigo, nadie podrá arrebatártelo jamás.

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Y tal vez pensarás que me he vuelto loco al decirte estas palabras, pero verás que aquellos que están destinados a escribir una misma historia, lo harán, puede que se paralice un capítulo, o que tengas que reescribirlo para poder continuar, pero jamás, pasarás página si resulta ser la adecuada.  Porque querido compañero, te hará vibrar hasta dejarte sin una pizca de aliento y será cuando comprendas que nunca es tarde para volver a empezar.

Por: Ariadna López Bratlle.



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