Como un par de nubes que se evaporan con las más mínima elevación de temperatura, así nuestra cordura, tanto que presumimos de nuestro comportamiento casi perfecto y a solas; la verdad es que enloquecemos, no perdemos el control sólo lo escondemos, porque así es como nos permitimos pasar el momento.

Y es que cuando el sol baja y la tarde refresca buscamos un escondite adecuado para el amor, un jazz suave que combine con los besos dulces, un café caliente y los volvemos postres, un ventilador que nos despeine y que seque de a poco el sudor.

Luz tenue que acentué las rasgos de tu rostro, un cuerpo a media luz para que no se descubra por completo, voces que no se escuchan, conversaciones que sólo se ven, a otro lado un gato canta para su amada y nosotros somos creadores de amor tierno que comienza despacio y termina en caos. Las risitas que queden para el final, que se vuelvan sonrisas entre miradas penosas, el rojo déjalo para las mejillas, que nos pinte la cara con esa extraña alegría.

Que el cielo de mañana nos caiga con todo su peso, una ducha tibia a turnos, date un momento de paz mientras que yo preparo el refrigerio, pan tostado y miel un vaso de leche también; los ingredientes perfectos. La tensión de los músculos y la desesperación de el cuerpo, es temprano y la monotonía nos espera, nos abre sus brazos igual que las alas de un pájaro.

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A media luz, mañana te espero, luz tenue-amarillenta, que no deje ver la desnudez de mi alma, porque no todo te lo muestro, dejaré un poco de misterio ya que siempre ayuda a querer descubrir eso que parece incierto. Así nos queremos, con retos y descontentos porque nos incitan, nos permiten, nos dejan y nos prohíben.



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