Para muchas resulta bastante obvio, pero a otras nos costó mucho trabajo llegar a comprender que antes de poder amar a otros es necesario amarse a una misma. Vivimos en una sociedad en la que está bien visto que nos entreguemos, que valoremos a los demás, que le demos nuestro amor y nuestro aprecio a las personas e incluso a las cosas, pero, como dice Erich Fromm, amarse a sí mismo se ve como un pecado, porque se considera que si gasto mi amor en mi propia persona estoy siendo alguien egoísta. Y no es así.

La verdad es que no se puede amar con amor auténtico a los demás si uno no se ama a sí mismo. Y el primer paso para aprender a amarse es aceptarse y aceptar a los demás. Esa es la base, lo que no hay que perder de vista. Es imprescindible comenzar a aceptar la vida tal y como es, sin querer cambiarla para después aceptarla. Lo mismo con las demás personas, hay que aceptar el hecho de que no las podemos cambiar a nuestro antojo, pues cada quien tiene su propia personalidad, su propia forma de ser y si alguien decide cambiar, será por su cuenta, no porque tú se lo pides o se lo exiges. Cuando estés en paz con esta idea, tu percepción del mundo cambiará radicalmente, y entenderás que lo único que puedes cambiar son tus pensamientos y tus acciones, no los de los demás.

Una vez entendido esto, habrás dado el primer paso hacia el amor propio, lo que se conoce comúnmente como la autoestima. Ahora, lo que tienes que hacer es comenzar a superar las creencias negativas que tienes sobre ti misma. Por ejemplo: “soy demasiado tonta”, “nadie me va a querer”, “no soy buena para hacer x o y cosas”, “soy muy fea” o “siempre hago el ridículo”. Muchas veces estas creencias vienen de personas a cuyas opiniones les damos demasiado peso, pero en ocasiones son discursos que nosotras mismas nos formamos en nuestro interior. ¡Libérate de ello!

También es importante evitar el perfeccionismo. Ten en cuenta que nadie es perfecto y que serlo no tiene por qué ser tu meta. Así te evitarás frustraciones. No te compares con los demás. Inspírate en otros, pero para bien, para echarle ganas, no para decirte qué tan mal vas comparada con ellos. Que tu única meta sea superarte a ti misma cada día.

Por último, haz un ejercicio de valoración positiva tan frecuentemente como te sea posible. ¿Cómo? Recordándote los atributos y virtudes que tienes y concentrándote en ellos. Si tienes algún talento, explótalo, pues eso te hará sentir en armonía contigo misma y con tus habilidades.

Una vez que sientas que te amas a ti misma con todo el corazón, entonces estás lista para amarlo a él, para entregarte, sin miedo a tener que depender de su amor para sentirse satisfecha.

Y recuerda que la autoestima se trabaja todos los días, no es algo que se consigue y se queda permanentemente con nosotras. Hay que seguirnos amando a todas horas, para poder seguir expresándole nuestro amor a nuestra pareja.

Autor intelectual: Valentina Iris  



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