El único amor consecuente, fiel, comprensivo, que todo lo perdona, que nunca nos defrauda y nos acompaña hasta la muerte, es el amor propio.

Quise iniciar esta reflexión con esta genial frase de Oscar Wilde, porque considero que tiene razón, pues una de las cosas más importantes que le hace falta a la gente para ser feliz es amarse a sí mismas.

Tengo algunas amigas muy queridas que actualmente están viviendo en relaciones bastante tormentosas: sus parejas las maltratan, las humillan, no las valoran y las denigran a cada oportunidad. Y yo me pregunto: ¿por qué se dejan? ¿Por qué permiten que las traten así? La respuesta es tan triste como sencilla: porque ellas creen que se lo merecen, porque no se tienen amor propio.

Y casos como los de mis amigas abundan. ¿Por qué será que gente buena se enamora de gente mala? Pues porque esa gente, aunque es buena, tiene un defecto enorme: le falta amor a sí misma. Sólo así se explica que haya corazones nobles atrapados en relaciones desastrosas. Uno tiene lo que cree merecer, y por más bueno que seas, si no te amas a ti mismo, no obtendrás cosas buenas en la vida.

Tenemos que aprender a querernos como se debe. Cito de nuevo a Oscar Wilde, quien dijo: “amarse a uno mismo es el inicio de un romance que dura toda la vida”. Si no haces por amarte, nadie te amará como lo mereces; si no haces por respetarte, la gente te pisoteará y pasará por encima de ti; si no haces por valorarte, todos te tratarán como un objeto al que pueden manipular a su antojo; si no haces por ser feliz por tu cuenta, nadie vendrá a regalarte en bandeja de plata la felicidad que buscas.

Por más defectos que tengamos, por más errores que cometamos, por más caminos equivocados por los que andemos, todos, absolutamente todos merecemos tener una persona que nos ame profundamente. Pero si no empezamos por amarnos a nosotros mismos, nunca la vamos a encontrar. Sólo cuando entendemos que el amor propio es lo más importante, sólo entonces tendremos la capacidad de amar y ser amados.



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