“El amor es para quien ha comido y no para el que tiene hambre.”

– Eurípides

En la mayoría de los casos nos dejamos llevar por el corazón, y está bien. Tal vez es lo más sincero. No nacemos con un manual que nos enseñe el arte de amar, tampoco nos lo suelen enseñar en el colegio ni en la calle. Amar es un instinto que se desarrolla dentro de cada persona según su personalidad y sus experiencias vividas. Somos seres humanos imperfectos por naturaleza y es precisamente ahí donde recae la belleza de cada persona, no en la imperfección, sino en las diferencias. Y es por eso, que por suerte o por desgracia, no puede haber dicha formula para amar de manera perfecta.

Del mismo modo que no existen dos personas iguales, no se puede amar a personas distintas de la misma forma. La forma ideal siempre va a depender de cómo sea cada persona y lo bonito es ir descubriendo cómo amar  con el corazón, pero siempre con base en la inteligencia.

Una relación amorosa es siempre compleja, la felicidad no surge por arte de magia, pues hay que armonizar dos universos en uno solo para que juntos, se integren en un mismo camino donde puedan fluir con tranquilidad y felicidad en busca de los objetivos comunes. Pero para eso es necesario mantenernos de manera consciente en un estado de ánimo muy positivo que nos ayude a sobrepasar cualquier limitación u obstáculo que se interponga. En otras palabras, tener una relación grandiosa es posible, pero empieza desde el cambio de tu pensamiento, a través de tus acciones y de la inteligencia emocional.

Aprender a amar es todo un reto que debemos marcarnos de forma constante para no terminar estancados en la zona de confort que con frecuencia nos encierra en los márgenes del individualismo. Estamos muy acostumbrados a pensar desde la perspectiva del yo, pero tenemos que recordar que una relación de pareja está compuesta por dos personas y ambas son igual de importantes. Aprender a amar es un aprendizaje necesario, pero somos tan complejos que a pesar de que con frecuencia tendemos al individualismo también existe otra realidad. Y es que tenemos que aprender a querernos a nosotros mismos para poder amar mejor a los demás.

La inteligencia emocional en el amor implica el auto-conocimiento de nuestras cualidades y aspectos oscuros inconscientes que pueden influir en la manera que experimentamos una relación de pareja.

Es verdad que el corazón y la inteligencia puede ir cada una por su lado, pero tampoco están peleadas y podrían ir juntas en busca del equilibrio para que la parte racional y sentimental vayan en una misma dirección y alcanzar así la madurez con la experiencia y la práctica.

¿Cómo sumar inteligencia emocional a tu vida?

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El amor empieza por uno mismo.

Lo cierto es que el amor comienza por uno mismo, es decir, el respeto, la lealtad y la sinceridad que quieres tener en una relación puedes comenzar por entrenarla en la relación que tienes contigo mismo. La soltería es toda una escuela del amor ya que cuando estás bien contigo, tienes más opciones de encontrar pareja.

Recuerda lo que no quieres.

Toda la experiencia que has tenido en la vida tiene que servirte para tener muy claro todo aquello que no quieres volver a tener y que no deseas repetir. Por tanto, sé coherente y aprende de esos errores tan humanos. Sin embargo, lo que no es tan humano es el masoquismo de tropezar diez veces en la misma piedra.

Busca el equilibrio.

Busca el equilibrio entre tú y tu relación. Tan malo es que de dejes siempre en un segundo plano para centrarte totalmente en tu pareja, como que te creas el centro del universo y aspires a que el mundo entero gire a tu alrededor. Busca el equilibrio de vivir en armonía.

Confía en tu suerte.

Confía en la vida, en ti mismo y en tu destino en general. No dejes que los fracasos pasados te amarguen el corazón hasta el punto de parecer una persona resentida con el mundo. Piensa que siempre existen motivos para creer en el amor, historias verdaderas que llenan el mundo de verdad y belleza emocional. Tú también puedes protagonizar tu historia con final feliz.

Di lo que sientes.

Decir te amo cuando lo sentimos, decirle a esa persona querida que nos importa, que nos emociona estar a su lado, que su compañía nos hace feliz, son formas de hacerle saber lo mucho que te llena la relación. Este tipo de gestos están llenos de romanticismo y le hacen saber al otro que sin importar el tiempo que llevan juntos los une un profundo amor.

Demuestra tu amor.

Igual de importante que decirle al otro que lo queremos es demostrarlo con acciones y gestos cotidianos. Preocupándote por esa persona, ofreciendo siempre tu apoyo, tu cariño, estando allí siempre. Este tipo de gestos son los que le dan a la relación un toque especial haciendo que nuestra pareja se sienta única.

La comunicación: El principio de toda relación.

Es importante determinar que a través de la comunicación conocemos a las personas, su historia, sus intereses, sus objetivos, sus frustraciones, sus gustos, etc., así que es por eso que toma una importancia primordial en cualquier relación el poder establecer un buen vehículo de comunicación claro y abierto. Además es importante saber que no podemos amar lo que no conocemos.

La calidad de la comunicación determina el futuro de una relación de pareja. El diálogo les permitirá crear un proyecto de vida en común, donde es necesario negociar, ceder, llegar a acuerdos, y reforzar la empatía.

Aprende que ante todo, amar es respetar.

Si queremos a una persona y estamos unidos a ella, debemos tener claro que amar es “respetar al otro tal y como es y no como yo necesito que sea”, los seres humanos no somos objetos que poseer o dominar, sino personas que aportamos y enriquecemos a los demás con nuestra forma de ser y con nuestra individualidad, se trata de una interacción en la que dos ofrecen y dos reciben por igual. Pero hay que tener claro que para constituir y “ser pareja”, primero hemos de haber alcanzado nuestra propia madurez, solo seremos capaces de respetar si hemos alcanzado nuestra propia independencia, sin necesidad de proyectar en el otro nuestros miedos, inseguridades o necesidades, sin explotarlo, sin convertirnos en “vampiros emocionales”…

Madurez.

Este aspecto no es estático, sino dinámico y en permanente crecimiento. Madurez significa estar receptivo a escuchar, respetar y alentar un crecimiento en tu conciencia para volverte más sabio, atento y despierto. Implica capacidad para asumir tus errores, observar tus aspectos oscuros y hacerte responsable de ellos. Las relaciones de pareja complicadas, agresivas y complejas suelen darse porque sus miembros son inmaduros. Por ende, si realmente quieres experimentar un amor maduro y potente, es necesario que trabajes tu propia madurez.

Sé responsable.

No se trata de un término que implique deber u obligación, algo impuesto desde el exterior. En absoluto, en su verdadero sentido se refiere a un acto enteramente voluntario por nuestra parte, constituye una respuesta adecuada a las necesidades, expresadas o no, de nuestra pareja. “Nadie me obliga a ser responsable de ti, lo hago porque así lo quiero y porque deseo tu bienestar”. Bien es cierto que este concepto puede degenerar en ocasiones en algo tan peligroso como la dominación o la posesividad, sentirse “responsable” a veces provoca que caigamos en el error de “me responsabilizo de ti porque me perteneces”. Nada más lejos de la realidad. Ser responsable es respetar y preocuparse por la otra persona, permitiendo su crecimiento personal y valorando también su individualidad.

No seas excesivamente susceptible.

Ser hipersensible es nocivo pues puede llegar a convertir la convivencia en algo insoportable. Es menester aprender a “llevar al otro” restando importancia a esas inevitables dificultades de la vida en pareja. Hay que olvidar las pequeñas tensiones que inevitablemente conllevan cualquier convivencia, superándolo, mirando la parte positiva de los problemas y suavizando siempre la situación.

Nunca olvides el verbo “cuidar”

El amor es la preocupación activa por la vida y el crecimiento de quien amamos. Sin una preocupación sincera y demostrable no hay amor. Cuidar a otra persona requiere saber también cuáles son sus necesidades en el círculo de la pareja y, por supuesto como persona, enriquecerla, ofrecer confianza, respeto, una escucha activa…

Compresión y humor ante todo.

Son dos palabras que deben estar siempre presentes en un relación saludable y que también son necesarias para mantener vivo el romance. Por eso debemos tenerlas presentes y ponerlas en práctica, comprender a nuestra pareja, y enfrentar la vida con humor para reducir la tensión y mantener el romance siempre vivo.

Ten el don de la oportunidad.

Para plantear cualquier cuestión conflictiva o ante una decisión importante, se ha de evitar hacerlo en los momentos de cansancio o tensión.

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Da importancia al sexo.

La intimidad sexual es fundamental cuando de romance se trata y es que el sexo estrecha los lazos y hace que nos unamos más a nuestra pareja, por eso nunca puede descuidarse. Pero además es una oportunidad perfecta para combinar romance y erotismo, para hacer que nuestra pareja se sienta deseada y sepa lo importante que es para nosotros. No caer nunca en la rutina sexual y mantener viva la llama es fundamental para que el romance esté siempre en nuestra relación.

Evita lo menos posible emociones tóxicas.

Los celos e inseguridades pueden convertirse en uno de los peores enemigos de las relaciones en pareja, y es que una vez que se instalan con fuerza resulta difícil hacerlos desaparecer. Cuando aparecen de forma ocasional y ante la mirada o el halago de un tercero pueden resultar simpáticos y un signo de que el otro se interesa en ti, pero en el punto en el que se vuelven exagerados y surgen sin razón aparente lo que antes parecía una gracia, se convierte en un conflicto. Si este es tu caso aprende de una vez como controlar los celos para mejorar tu relación.

Ten capacidad de reacción.

Hay que evitar que las tensiones y problemas impidan el diálogo durante horas o días, gestos negativos, lenguaje crítico hacia el otro… Hay que saber pedir perdón, aproximarse al otro e impedir que ninguno se sienta demasiado derrotado. Una pareja bien avenida se crece en las dificultades y tiene recursos para superar y sortear los escollos de la vida.

Evitar discusiones innecesarias.

Aprender el arte de aceptar distintos criterios. Aquí se mezclan con arte y oficio, el saber ceder, el saber encajar y la capacidad para zanjar un tema sin volver obsesivamente sobre él. Esto evitara esas discusiones que no conducen más que a alimentar la lista de agravios y no conducen a nada.

No olvides los pequeños detalles.

El mejor amor se echa a perder si no se cuida a base de pequeños detalles que hacen agradable la convivencia. Es como una planta a la que hay que cuidar y mimar. Es un intercambio de conductas positivas y gratificantes que parecen no tener importancia. Por ejemplo, esperar la llegada del otro, sorprenderle con algo agradable, ir al cine, una cena romántica, un vestido especial… Mantener el amor joven es mantener siempre la capacidad de sorprender al otro en cosas menudas, insignificantes, pero que convierten al otro en ese ser único y especial.

Es curioso comprobar cómo esta actividad, la de amar, se inicie con tantas esperanzas y expectaciones como ninguna otra, y sin embargo, fracase tan a menudo. Como seres racionales que somos todos deberíamos aprender de nuestras experiencias y saber reconocer errores, preocuparnos por saber qué podemos cambiar en nosotros mismos para ser mejores, para poder superar el fracaso y comprender un poco mejor qué significa y qué conlleva eso llamado “amor” al que habitualmente se asocian tantos errores…

El amor es una actividad, no un acto pasivo ni un súbito arranque, se trata de un estado continuado en el que “dar y recibir”, pero eso sí, no confundamos la palabra “dar” como obligado sinónimo de “renuncia”; de “sacrificio”.

“Con el amor no basta”, y lo siento por los fanáticos del enamoramiento, pero el amor, para los que nos movemos en un plano terrenal y no hemos trascendido, no suele ser tan incondicional, ni mueve montañas: más bien te aplasta, si te descuidas y no lo sabes manejar. Así que antes de arriesgarte ciegamente, pon el entusiasmo entre paréntesis por un rato (…) y conéctate a un sistema de procesamiento más controlado (…). Una vez hayas descendido de la estratosfera, empieza a considerar ventajas y desventajas, pros y contras y tus expectativas más entrañables; trata de pensar de la cintura hacia arriba y no de la cintura para abajo. Quédate en la realidad concreta, tratando de ver las cosas como son. Si repites esta práctica de conectarte y desconectarte con la emoción, irás forjando una nueva habilidad que te servirá en el futuro: serás capaz de integrar razón y emoción y discernir cuándo sobra una o falta la otra.

“Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. ”

— Federico Moccia


Escrito por: Karla Galleta.



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