Amar cuando estás listo y no cuando estás sólo, es una gran lección para aprender. Porque muchas veces, esa incapacidad que se tiene para estar solo, con frecuencia es confundida con el amor. Y es que el permanecer solos en la vida, todavía sigue siendo un miedo bastante común. Tan común que orilla a tomar malas decisiones como estar dispuestos a engancharse con la primer persona que se les cruce en el camino o con la persona equivocada, lo cual, la mayoría de las veces, no les da la garantía de que sea algo bueno o aporte felicidad, al contrario, puede terminar en frustración, decepción y con la autoestima por los suelos.

Cuando decides “amar” sólo por que estás solo, en realidad no estás amando, porque amar de esa manera te hace egoísta, ya que dejas la responsabilidad en la otra persona de hacer algo que sólo a ti te corresponde, algo que debes y naciste para hacer por ti mismo: llenar tus vacíos. Por miedo a la soledad vivirás arruinándola en el “amor” y en tus relaciones una y otra vez. Siempre vas a creer que nuevamente has encontrado el amor ideal, pero te darás de golpes cuando veas que lo único que has encontrado, es el mismo problema encarnado en otra persona. Los mismos problemas, errores y vicios de las anteriores relaciones.

La absurda sociedad se ha encargado de hacernos creer que a determinada edad ya deberíamos tener una relación más o menos estable, incluso, hasta hijos, ya que de no ser así, perderemos nuestra juventud y oportunidades de ser felices, para terminar viejos y solos. Pero se nos olvida que todo tiene su tiempo, y que estar solo, realmente no es una tragedia y no es tan malo como lo pintan. Que así como existe un tiempo para amar, también existe un tiempo para disfrutar de nuestra propia compañía.

Sí, estar solo es un viaje diferente, ya que en él no vives para otros, vives para ti haciendo lo que te hace feliz. Es un tiempo para volar con tus propias alas, para conocerte y valorarte, para dedicarte a hacer cosas que te apasionen, que te llenen de energía, orgullo y satisfacción, para perseguir tus sueños, tener más aspiraciones, más experiencias y muchas cosas interesantes que pueden enriquecer tu vida. Cosas que dependan solo de ti para llevarlas a cabo, sin importar la presencia o la ausencia de compañía. Llevar este tipo de vida, hará que al mismo tiempo se empiece a dar automáticamente ese amor propio que probablemente no tenías, o quizá sí lo tenías, pero en una dosis muy pequeña, ya que era más importante hacer lo que los demás esperaban de ti y complacerlos. Y es que definitivamente, el querer complacer a los demás y dejar de ser tú mismo, es joder olímpicamente el amor propio.

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Y entonces, cuando te sientas lo suficientemente lleno de amor propio, a cualquier cosa que hagas le pondrás más amor, lo cual hará que te contagies de más amor, y contagiarás ese amor a todo lo que se cruce en tu camino.

Porque de otro modo, sin ese amor propio, lo único que vas a atraer a tu vida es a alguien con la misma carencia que la tuya. Y entre dos personas que no se tienen amor propio, no hay manera de que funcione una relación, mucho menos, que lleguen a amarse por más que lo intenten. Sólo terminarán jodidos los dos en una relación destinada al fracaso y con heridas en ambas partes.

No necesitas a nadie que te complete y te haga feliz, tampoco que alguien tenga que recordarte constantemente lo valioso, útil, seguro, y hermoso (hermosa) que eres. No permitas que el anhelo de sentirte amado nuble tu corazón de irrealidades, el amor es algo que se da naturalmente, sin esfuerzos para conseguirlo. Espera todo el tiempo que sea necesario a la persona correcta para ti, alguien que también esté lista para amar. No tengas prisa y disfruta el recorrido, y embárcate cuando estés totalmente segura y no apurada, ni por miedo, carencia o dependencia. Sé feliz, encuéntrate a ti mismo, para que sólo así puedas compartir tu vida y tu alegría con alguien más, alguien que quiera caminar contigo ya encontrado y realizado.

El amor es incontrolable, por lo tanto, no puedes decidir cuándo quieres que suceda. Sucede y ya, y es extraordinario. Y se siente tan intenso, que olvidas cualquier miedo y te atreves a asumir el riesgo.

Por eso, ama cuando sientas ganas de amar y no cuando sea un capricho. Ama cuando valga la pena amar, cuando seas amado y no sólo seas tú el único que quiere amar. Ama cuando estés listo, no cuando le tengas miedo a la soledad.

 

Autor: Karla Galleta

 

 

 

 

 

 



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