-Alguna vez escribí lo siguiente en mi diario:

De nuevo vuelve a mi esta sensación de vacío inmenso, de perdida, de abandono, este estado de ánimo que me convierte en un muerto viviente, que camina, habla, trabaja, come y se baña solo por inercia, vuelvo a sentir que las fuerzas me abandonan y hay un reproche en mi pecho que no puede salir, que se queda atorado como un nudo en la garganta ahogándome en silencio.

Vuelvo a sentir las ganas de llenar este vacío lo antes posible, porque no soy capaz de lidiar con esta soledad, porque en el fondo me siento vacía, sin esperanza, sin ganas de vivir, de alguna manera necesito a alguien que me cobije en sus brazos, que me brinde su calor y que me haga sentir importante, necesaria y amada.

No he encontrado la manera de ser autosuficiente, lo sé y me desespera, porque entiendo que cada error me lleva a otro y este a uno nuevo, paso por la vida sin elegir realmente a quien me acompañe, solo necesito que alguien se me ponga enfrente y me diga aquellas mentiras hermosas que todas queremos escuchar para hacerle un espacio en mi vida, y es que de tantos hombres que he conocido he llegado a la conclusión de que en verdad todos son iguales, todos buscan lo mismo, todos hacen con nosotras sus juguetes y nos tienen mientras aún les divertimos, pero una vez que se cansan buscan a otra y de nuevo tengo que volver a lidiar con este sentimiento de infelicidad, de estar incompleta o peor aún, vacía.

Comprendo que tengo que dejar de hacer esto, pero ¿Cómo lo hago? Así he sido toda mi vida, nadie me ha enseñado una verdad diferente, todos me aconsejan que hacer, pero nadie me dice como, y a pesar de saber que estoy mal, sigo cometiendo una y otra vez el mismo error de seguir amando cuando estoy sola, y no cuando me sienta lista, porque no sé cómo llegar a ese estado de convivencia con mi soledad durante tanto tiempo, porque no puedo permitirme el tiempo de pensar en que me equivoque con mi anterior pareja, si mi mente es torturada durante cada segundo que me encuentro sola.

-Llego un momento en mi vida en el que estar acompañada me causaba casi el mismo miedo a la soledad, y fue en ese momento que pensé que no perdía nada enfrentando el peor de mis miedos, me interne con mi compañera implacable, con mi persecutora eterna y por fin decidí tomar el toro por los cuernos y afrontar el terror de mi soledad, me fui donde sabía que nadie podría ir a mi rescate por mas desesperada que estuviera y me encontré con aquello a lo que siempre le tuve tanto temor, no niego que me moría de miedo, que en muchas ocasiones estuve a punto de salir corriendo y terminar con esa experiencia cuanto antes, pero logré notar que poco a poco el miedo iba menguando, que cada día parecía molestarme menos, hasta que por fin lo superé.

Cuesta trabajo y cuesta mucho, pero una vez que aprendes a estar sola ya no estas dispuesta a abrirle tus puertas a cualquiera, porque la soledad da miedo al principio, pero después entiendes que es esa amiga sincera que no te deja de decir en lo que estas mal, pero una vez que te acostumbras a ella aprendes a valorarla como se merece y definitivamente no la cambias por alguna compañía mediocre, vacía o que carezca de originalidad.

Autor: Sunky

 



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