Sí, te llamo cobarde, y no por haberte ido, por haberme olvidado o por haberme dejado aquí sola. No, eres un cobarde porque jugaste conmigo, porque me usaste como un objeto que, una vez que satisface tus deseos, guardas en un cajón para la próxima vez. Yo estaba siempre dispuesta a atenderte, a cuidarte, a mimarte cada que me necesitabas, cuando te sentías mal, cuando te deprimías, cuando tus padres volvían a hacer de las suyas y te lastimaban, en fin, cuando estabas frágil y necesitabas quién te protegiera. Pero tú conmigo fuiste un egoísta con el que nunca pude contar. Si yo me sentía mal, me evadías, nunca contestabas mis llamadas. Era solamente cuando tú querías, cuando tus malditas ganas de hacerme tuya te invadían… y entonces sí, ibas y me buscabas, y me traías un regalo, y me invitabas unos tragos, todo para conseguir lo que querías. Pero una vez que satisfacías tus bajos instintos, me dejabas a mi suerte, y yo me quedaba como siempre, insatisfecha, sola, vacía por dentro, llorando y preguntándome qué diablos hacía cayendo en tu trampa de nuevo.

Pero es que para ti no había más mundo que tú y tus intereses. Eras lo único que te importaba, egoísta por naturaleza, por lo que no te importaba cómo quedaba yo después de que te ibas, ni te importaban mis lágrimas, ni la desilusión que sentía cada vez que te decía “te amo” y tú respondías descaradamente con un “qué linda, gracias”. Nunca te importó, tampoco, la tristeza que me daba que nunca contestaras los mensajes de “buenos días” y “buenas noches” que te mandaba con ilusión cada día, esperando tu respuesta, la cual impresionantemente, después de tanto tiempo de relación, nunca llegó. Pero tenía que armarme de valor y llegó el día en el que te dije que ya no más, que ya no me buscaras, que ya no estaría para ti cuando me necesitaras, porque yo no veía reciprocidad.

Y sorprendentemente, como el cobarde que eres, dejaste de buscarme. No fuiste bueno para pedir disculpas, para decir “lo siento, he sido un tonto, perdóname e intentémoslo de nuevo”. No, preferiste perder todo lo valioso que tenías conmigo a atreverte a pedir perdón. Por eso, hoy y siempre, serás un cobarde.

 

Autor intelectual: Laura Martínez



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