Vivimos en un huracán social que de la forma más discreta o descarada nos impulsa a la competencia, a tener éxito, a lograr cosas, a ser mejores día con día. Sin embargo, ¿alguna vez te has preguntado si lo estás haciendo bien? ¿O hasta qué punto puede considerarse que el ser humano promedio está tenido éxito en la vida? Lo cierto es que no hay una guía, no existen unos parámetros, el éxito (familiar, laboral, espiritual, personal, etc) es algo que debe conquistarse a diario, pero, existen algunas señales que te indican que lo estás haciendo bien.

1 – Has pagado las facturas de este mes, y quizá te reste algo extra para gastar en cosas que no son necesarias. No importa lo mucho que estiraste los cheques a medida que te los entregaban, el punto es que lo hiciste, y alcanzaste la independencia.

2 – Te cuestionas a ti mismo. Dudas de tu vida. Te sientes miserables algunas veces. Esto significa que todavía te mantienes abierto al crecimiento y al cambio. Significa que todavía eres objetivo y consiente de ti mismo. Las mejores personas van a casa al final del día y suelen pensar: “o… quizá haya otra manera”.

3 – Tienes un trabajo. Independientemente de la horas, o del ritmo, ganas dinero que te ayuda a llevar el pan a tu mesa, a dormir sobre una cama y a vestir algo cada día. No es un fracaso si no es de la forma en que pensaste que sería – estás valorando tu independencia y asumiendo la responsabilidad de ti mismo.

4 – Tienes tiempo para hacer algo que disfrutas. Incluso su eso que “te gusta” es estar sentado en el sofá mientras ordenas una pizza y ves Netflix.

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5 – No te preocupas por cosas cómo de dónde saldrá tu próxima comida. Hay comida en el refrigerador o en la despensa, y tienes lo suficiente como para elegir lo que quieres comer hoy.

6 – Puedes comer porqué lo disfrutas. Sin que sea una cuestión de mera supervivencia.

7 – Tienes uno o dos amigos realmente cercanos. La gente suele preocuparse por la cantidad pero eventualmente se dan cuenta que el número de personas que alegan ser tus amigos no tienen mucho que ver con la intimidad, la aceptación, la comunidad o la alegría. Al final del día, todo lo que realmente importa son las pocas personas que tenemos cerca (y que nos aman) sin importan qué.

8 – Puedes permitirte un viaje en metro, una taza de café, o una carga de gasolina esta mañana. Las comodidades más pequeñas (y muchas veces, necesidades) no representan situaciones variables para ti.

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9 – No eres la misma persona de hace un año. Has aprendido, y evolucionado, y puedes identificar las formas en las que has cambiado para mejor o para peor.

10 – Tienes el tiempo y los medios para hacer las cosas más allá del mínimo requerido. Quizá fuiste a algunos conciertos en los últimos años, compraste algunos libros para ti mismo, podrías hacer un pequeño viaje a la ciudad vecina si quisieras – no tienes que trabajar todas las horas del día para sobrevivir.

11 – Tienes una selección de ropa a tu disposición. No estás preocupado por tener un abrigo o guantes para el frío, tienes ropa fresca y cómoda para el verano y algo para ponerte en una boda. No solo eres capaz de proteger y decorar tu cuerpo, sino que puedes hacerlo de forma apropiada en una variedad de circunstancias.

12 – Puedes sentir que algo anda mal en tu vida. El primer paso y el más crucial es simplemente ser consiente. Ser capaz de comunicarte a ti mismo “algo no anda bien, pese a que no estoy seguro de lo que me haría sentir mejor”.

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13 – Si pudieras hablar con tu yo más joven, deberías ser capaz de decirle: “Lo logramos, sobrevivimos a esa cosa tan terrible”. Muy frecuentemente las personas llevan sus traumas del pasado al presente, y si quieres una prueba de que cargamos aquello que éramos en lo que somos, todo lo que necesitas hacer es ver como respondería tu niño interior al escuchar “vas a estar bien”, de alguna persona en particular.

14 – Tienes un espacio propio. Ni siquiera tiene que ser una casa o apartamento (pero sería grandioso si así fuera). Todo lo que necesitas es una habitación, una esquina, un escritorio, donde puedas crear o descansar según tu criterio; donde gobiernas todo aquello que llega a formar parte de tu pequeño mundo extraño, y en que intensidad. Es una de las pocas cosas que realmente podemos controlar.

15 – Perdiste en alguna relación. Más importante que el simple hecho de haber formado parte de una relación es que tú o tu pareja no se conformaron. Abriste a ti mismo la posibilidad de alguna otra cosa por allí.

16 – Estás interesado en algo. Ya sea que el cómo vivir más feliz, mantener y mejorar una relación, leer, ver películas, tener sexo o socializar sean los ejes sobre los que gira tu vida, hay algo intrigándote a explorarlo.

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17 – Sabes cuidar de ti mismo. Sabes las horas de sueño que necesitas para sentirte bien al día siguiente, a quien recurrir cuando te rompen el corazón, lo que tienes que hacer para divertirte, lo que tienes que hacer cuando no te siente bien, etc.

18 – Estás trabajando para alcanzar una meta. Incluso si te sientes agotado, tienes un sueño, aunque sea vago y efímero.

19 – Pero no estás obsesionado con algo fijo en tu futuro. Algunas de las personas más felices y adaptadas son aquellas que pueden hacer de cualquier situación un momento ideal, quienes también están inmersos en el momento sin establecer planes intrincados ni comprometerse con un resultado específico.

20 – Has pasado por algo malo. Puedes ver los desafíos a los que te enfrentas ahora y compararlos con aquellos que nunca pensaste superar. Puedes tranquilizarte a ti mismo a través de tu propia experiencia. La vida nunca es más fácil, sino que tú tienes que ser más inteligente.



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