Sientes como si te arrastrasen hasta el fondo de ese lugar en donde todos tus sueños y esperanzas pareciesen desvanecerse en un instante ante tus ojos, tan rápido que no puedes hacer nada por evitarlo aun cuando luchas, gritas y hasta suplicas con todas tus fuerzas para evitarlo porque no quieres estar ahí, no deseas que eso pase, no quieres sentirte a sí, pero aun así… aun así, luchando con todas tus fuerzas todo eso parece ser inútil, a la vez que sientes como tú voz no emite sonido alguno y comienzas a ver como tu vida se escapa lentamente entre tus dedos sin poder hacer nada para evitarlo. Sientes tanta impotencia, coraje y frustración en ese instante porque ninguna de tus suplicas es escuchada que solo deseas desaparecer y por un instante solo te dejas caer, dejas de luchar, dejas de gritar, dejas que tus esperanzas de desvanezcan lentamente mientras tu solo las ves desaparecer impotente a medida que caes. Por qué te das cuenta de que en ese lugar nada parece tener sentido, en ese lugar donde solo reina el silencio y la soledad nada parece tener importancia ya.

Esa sensación en lo profundo de nuestro pecho que pareciese durar siglos

Caemos sin cesar y sin poder hacer nada a medida que esa terrible sensación nos invade y nos carcome por dentro hasta alcanzar cada parte de nuestra mente y cuerpo, es entonces cuando empiezas a preguntarte ¿Por qué? ¿Qué fue lo que paso? ¿Acaso hice algo mal? … ¿Realmente merecía esto? … ¿Lo merecía? …

Intentamos con todas nuestras fuerzas encontrar las respuestas a estas preguntas en un afán de entender el por qué nos pasó esto, en que nos equivocamos, en que fallamos… Todo ello con la inmensa esperanza en lo profundo de nuestros corazones de hallar la respuesta, una respuesta que nos devuelva a la vida, que nos brinde nuevamente esa sensación de calidez, que nos reconforte, que nos haga creer que todo estará bien como antes, aquella que sea capaz de regresarnos la esperanza que nos fue arrebatada con tal severidad y aquella que nos recuerde cuan valiosos somos aún.

Poco después cuando nos llegamos hasta el fondo de ese lugar y estamos tan exhaustos, tan cansados de luchar y gritar en vano, carentes de cualquier deseo, en un silencio absoluto. Es cuando sentimos que ya no podemos ni deseamos hacer nada más, y entonces nos empezamos a dar cuenta de que el silencio se ha convertido en nuestra única compañía. Nos susurra al oído incesante palabras aterradoras, pero a la ves cautivadoras.

Y poco a poco esa sensación que antes nos carcomía incesante por dentro se convierte en algo tan tranquilo y pacifico que no deseamos hacer nada más que estar en ese lugar sintiendo esa tranquilidad. Incapaces de darnos cuenta y cegados por la tristeza y la desesperanza no nos damos cuenta del peligro que se cierne sobre nosotros al permanecer tanto tiempo ahí.

Seducidos por esa soledad y cautivados por el silencio que esta nos brinda olvidamos que aun cuando caímos sin remedio alguno y nos encontramos hasta el fondo de ese frio y oscuro lugar, aun cuando nos duele tanto y sea tan profundo. Olvidamos que aun entonces hay esperanza, aquella que yace en lo profundo de nuestros corazones, aquella que no puede ser desvanecida por nadie ni por nada, la que no nos pueden arrebatar por ningún medio.

Porque esa pequeña y frágil, pero indestructible esperanza está conformada por todas las cosas que realmente son importantes y valiosas en nuestras vidas, todo aquello que realmente nos hace felices, esas pequeñas cosas que para otras personas quizás no tengan importancia, pero que, para nosotros, en nuestro mundo, tienen sentido y son tan valiosas que se convierten en lo que lo hace girar. Tan solo las olvidamos en esos instantes cegados por nuestro inmenso dolor y sufrimiento…Esa esperanza que se convierte en la base de nuestro renacimiento y en ese pequeño y primer escalón tan necesario, la cual nos brinda ese aliento perdido.

Poco a poco apoyados en ella comenzamos a subir, aunque duela tanto cada paso y aunque de vez en cuando miremos una vez más hacia abajo seducidos por la soledad quien nos mira sin cesar, invitante y cautivadora, aquella vieja amiga que dejamos atrás a medida que regresamos a la luz.

Tiempo después logramos salir con todo el esfuerzo y sufrimiento que esto cuesta y solo queda el recuerdo de tan fatídica estancia.

A menudo la recordamos con una gran nostalgia y quizás hasta la honraremos en un día lluvioso con una lágrima y en ese mismo instante, justo en ese momento una pequeña sonrisa nacerá en nuestros labios a la vez que agradecemos lo fuerte y sabios que nos hizo ese momento de tanto dolor.

Por qué ahora y después de todo lo que hemos pasado y de todo lo que hemos sentido solo queda dar las gracias, gracias por estas lecciones y por hacernos entender y apreciar las cosas que son realmente importantes en la vida, aquellas por las cuales vale la pena seguir. Todo esto a través del mejor maestro que la vida puede ponernos.

Por: Hibou

 



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