Aunque me guste dormir más de la cuenta, me he levantado muy temprano, son las 8 de la mañana, abro la ventana y resulta que uno de eso días que tanto me gustan con ese clima nublado y el viento corriendo suavemente, es hoy, suave como cuando besas a esa persona y sientes cada suspenso, cada emoción, cada coma, cada uno de los énfasis y el acento en cada verso a la altura de su boca, es un amor bohemio, es uno de eso amores que existen poco y que hoy día puedo decir. ¡Qué loco!

Me gusta tomar café en este tipo de mañanas nubladas, con el viento suave que me recuerda a su boca y me hace desear sus labios, imaginar su manos tomarme, pero ahora es hora que yo tome en esta taza mi café, es una buena taza para verter en ella el café que no está ni muy caliente ni muy frío, está algo así como tibio, intermedio; como entre el uno y el tres, el dos; porque somos dos nosotros los que componemos una historia de amantes, de esos que ya no existen, que somos pocos, pero con ese foco brillante que no se apaga de noche y si de día se necesita, se enciende. Porque encendido está este amor, mi café lo prefiero con poca azúcar o sin ella, porque para disfrutar un buen café hay que saborearlo sorbo por sorbo a este sabor amargo que luego suele tener.

Un abrigo como un suéter delgado me acompañaría bien en esta mañana de recuerdos del ser amado que está ausente, porque él, este hombre de quien hablo es mi amor, pero aún no existe, mi amor está por llegar, no sé cuánto tiempo se tarde pero mi amor llegará; este suéter me hará imaginar sus brazos tomándome, acercándome a su cuerpo, sonriéndome, abrazadme, así, tomando este amor bohemio, sosteniendo y elevando mi imaginación, mientras me dice: este amor es, es así, presente y ausente, pero firme.

1

Estoy como encantada, encantada de la forma tan inesperada que muchas cosas buenas llegan a nuestras vidas para darle aún más sentido, para darle un mejor sabor a las mañanas y a mi café, estoy encantada de la forma en que el viento va recorriendo cada espacio de este lugar, de la forma que toca mi cuerpo y roza mis manos, encantada de las formas que van adquiriendo las nubes con el transcurso del día.

Cuando me levanté pude ver una nube tan redonda que imaginé que podía dormir en ella, sólo por el hecho de verse tan esponjosa, tan cómoda, como cuando te sientes libre de amar, de tener, de hacer y deshacer, libre con tanta fuerza, como la fuerza en la que ponemos por buscar el paraíso; ese paraíso que sin darnos cuenta no es un lugar, somos nosotros, el paraíso es uno.

Existen tantas cosas que me encantan, la luna, la noche, las estrellas, el río, el mar, el agua, incluso me gusta sentir el calor, el dolor, porque son estas pequeñas cosas que me hacen sentir viva, me gusta el frío, para abrigarme e imaginar que él, mi amor, me abraza. Me gusta el café, su olor, como su perfume, su sabor, su consistencia, la forma en que me hace imaginar, crear, soñar.

Mis días sin ti, mi amor, debo decirte que no son malos porque ni mis días malos son malos, sé que pronto llegarás y sólo quiero decirte una vez más que, ¡me encantas! Que no sé cómo eres, pero vienes en ese amor bohemio que existe poco y que viviremos como locos, sintiendo cada, signo, cada guión, cada coma de este amor.

 

por 



     Compartir         Compartir