Escribo esto con un mix de sentimientos encontrados, entre ellos tristeza y enojo. Sólo quiero decirle a usted, el padre de mi novio, que tiene un hijo del que cualquier padre podría estar orgulloso; desafortunadamente no es gracias a usted sino a la entereza con la que su hijo supo afrontar la vida con su ausencia.

Lo abandonó a él y a su familia cuando más lo necesitaba, y creyó que pagando una miserable pensión estaba cumpliendo su parte; pues déjeme decirle que no, hacía falta más que eso, hacía falta su presencia.

Él tuvo que aprender a hacerse hombre por sí solo. Aprendió a pagar las cuentas, trabajó para costearse sus estudios y al terminar su carrera buscó un mejor empleo para apoyar con los gastos de la casa; aprendió a relacionarse con los demás sin nadie que le diera un consejo de vez en cuando; aprendió a reparar las cosas y a manejar por su cuenta, por más nervioso que estuviera la primera vez que agarró el coche. Tuvo que hacerla de mecánico, maestro y hasta de médico con su familia cuando se necesitó, porque usted estuvo ausente en esos momentos. Pero lo que yo más admiro de él es que aprendió a tratar a una mujer como se debe, a amarla y respetarla, y a apoyarla en todo momento, a nunca abandonarla como usted abandonó a la suya. Usted fue para él el ejemplo perfecto del hombre que no se debe ser.

En ocasiones me doy cuenta cómo se esfuerza por salir adelante, cómo de repente se estresa demasiado, se siente muy cansado y a veces incluso le gana la tristeza, y es entonces cuando yo siento un enorme coraje hacia usted y me pregunto: ¿cómo fue capaz de dejarlo solo con tantas responsabilidades, siendo él tan pequeño? ¿Por qué no estuvo con él para apoyarlo cuando más lo necesitaba, en aquellas etapas cruciales de la vida en las que un hijo requiere menesterosamente a un padre? Pero, ¿sabe usted? Después de todo, tengo que decirle gracias. Sí, gracias.

Le agradezco porque su ausencia forjó en su hijo un carácter fuerte, aguerrido, que nunca se rinde, pero a la vez noble, modesto y humilde. Gracias porque lo orilló a madurar más rápido y lo hizo desarrollar su inteligencia y todas sus capacidades para salir adelante en un ambiente hostil y sin un padre que estuviera ahí para apoyarlo y defenderlo. Gracias, porque con su mal ejemplo hizo de su hijo un hombre trabajador, cariñoso y bueno. Gracias, porque, de no ser por su ausencia, él no sería el hombre tan maravilloso con el que estoy ahora y con el que estoy dispuesto a llegar hasta las últimas consecuencias.

Ahora su hijo ya tiene quién lo cuide y quién se preocupe por él: yo.

Autor intelectual: Nizayeth Herrera



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