Lo nuestro llegó a su fin en el momento en que tomamos caminos diferentes, con personas y vidas diferentes. Voltee par atrás, aún lo sigo haciendo en algún momento de debilidad, esperando encontrarte detrás de mí tratando de detenerme.

Pero no estabas, no estás y me temo que no estarás. Las cosas se acabaron en el momento en que no tuvimos que decirnos “adiós” para saber que ése abrazo sería la última vez que estaríamos juntos. Aún puedo sentir tus manos en mi espalda y el aroma de tu camisa picando mi nariz, con ese perfume que tanto me gustaba, con un aroma como el invierno, un aroma frío, una esencia como las hojas de un bosque.

Era mi favorito. Admito que pensé muchas veces en buscarte, ya ves que necio es el corazón, pero por alguna u otra razón sé que no lo haré y agradezco eso, porque no lo mereces. Ni yo merezco salir más lastimada por tus decisiones, por tu cobardía. Merezco ser feliz, y es una ironía pensar que justo hace unos meses yo creía que en ti estaba mi felicidad, y descubrí, a duros golpes que la felicidad no me la va a dar nadie más que yo misma.

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Pero no te preocupes, te dejo libre de mi constante interés en saber cómo estabas, qué necesitabas. Libre de mis miedos y mis pequeñas dudas que tanto te enojaban. Estás al fin libre de mis bromas tontas, mi mirada que contemplaba lo increíble que eras para mí. Eres libre de mis lágrimas infantiles cuando tu indiferencia me lastimaba.

Por: Luisa Landeros



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