Quiero escribir esta carta que quizá carece de todo sentido poético, sin embargo, expresa palabra por palabra lo que siento por ti. Todo aquello que no me había atrevido a explicarte hasta ahora por miedo, a aceptar una dolorosa realidad.

Mi amor, te llamo así una vez más, no te ofendas; fuimos nada y seguimos siendo nada, dos aves perdidas en el mismo cielo. Somos dos líneas paralelas, una a lado de otra, pero que nunca se juntarán; he permanecido así buscando desafiar la geometría para cruzar nuestros caminos y sólo he conseguido hacernos daño.

 Estoy convencida de que quizá en otra vida, en otro momento, hubiéramos sido felices juntos, sé que mi amor es grande y que tú también lo sabes. No obstante, es imposible que dos almas rotas intenten hacer un corazón completo. Tú eres un ser perverso, trastornado por un mal amor que te perdió entre las sombras del desamor, te hizo desconfiado, arrogante y  traicionero.
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Amor mío, yo quise ser mejor, quise convertirme en esa mujer que buscabas, perdóname, ¡no puedo!… No lo logré, sólo quise mostrarte la mejor parte de mí, quise dejar mis defectos atrás, por más que luché, todo fue en vano. Soy quien soy, ahora entiendo que sólo pretendía ser mejor para que tú estuvieras a mi lado, pero en cuanto lo lograra volvería a ser la misma, siempre igual: celosa, loca, arrebatada, visceral; esos defectos son parte de mi esencia, no puedo evitarlo.

Aun así, quiero que sepas que yo te amé tal como eres, en cada una de tus facetas, con tus ángeles y tus demonios. No importa cuánto me esfuerce, nunca lograré ser la que tú quieres, eso me desespera y me odio a mí misma por no poderlo hacer. Cariño mío, en cambio te he amado siendo el peor siendo el mejor, por lo que eres y a pesar de ello… Tú sólo has llegado a estimar a la mujer que quise ser para que te quedaras.

Hoy lo comprendo al fin, acepto que no puedo cambiar, que en esto me convertí, con tantas traiciones vividas, con la diferencia de que mis defectos se han adherido a mi alma de tal forma que ahora forman parte de mi interior como si fueran yo misma. Amor, no puedo hacerte más daño, no puedo permitir que sigamos destruyéndonos.

Por eso me voy, para no seguirte dañando con este cariño estúpido que siento por ti, con mi incapacidad por cambiar y mi aberración al desafío de las leyes geométricas: dos líneas paralelas ni en el infinito se unen. Estoy convencida de que es lo mejor aunque no niego que me duele en lo más profundo de mí.

No quiero odiarte, no quiero que me odies; es mejor terminar aquí lo que nunca empezó, recordarte como el amor que no pudo ser. Mis últimas palabras serán de agradecimiento por los años que hemos vivido de forma paralela en el mismo camino. Gracias amor por los bellos momentos a tu lado, por las sonrisas, los sarcasmos, las ironías e incluso las discusiones que terminaban en noches de apasionada reconciliación.

Ay amor… Cómo te quiero, cuánto te extraño; antes de irme quiero estar contigo, pero no puedo, deseo con todas las fuerzas de mi alma ser parte de tu vida, pero la estoy destruyendo por ser yo. Sólo me queda desearte felicidad, que encuentres a esa mujer que esperas, ésa que yo no pude ser; que olvides pronto el recuerdo de tu amiga la que te amó como mujer, la que te amó con todo lo que tiene, la loca celosa arrebatada que quiso ser una mejor persona sin lograrlo; pero te dio su tiempo, su cariño, te apoyó en las buenas y en las malas…

Quien permaneció a tu lado aun cuando le pediste que se marchara… Adiós amor.

 

Publicado por Jazmin Campos



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