No podía dejar de mirarte, tan tranquilo como si nada pasara;  yo hecha un nudo,casi sin poder respirar.Salí de la habitación, sin inmutar tu sueño, habíamos acordando la necesidad de  un tiempo para ver si la distancia le daba fuerza a nuestro amor, me dijiste que era una oportunidad para recordar los motivos que nos habían unido, estábamos  ya tan desgastados, tan alejados el uno del otro, ya no me mirabas de la misma forma, ni me abrazabas con la misma fuerza, poco a poco las miradas cómplices se fueron convirtiendo en miradas de disgusto, de desprecio, cualquier detalle era suficiente para detonar una discusión en la que ninguno de los dos quería resultar perdedor, ya no éramos tu  y yo contra el mundo como lo prometimos aquella noche, cenando a la luz de la luna, cuando me propusiste comenzar una historia juntos; sin saber cómo,nuestra casa que un día fue nuestro refugio,  se convirtió en el campo de batalla en la que los letales enemigos éramos tu y yo.

Lloré como nunca esa noche, de algún modo sabía que este tiempo, no era solo un tiempo, era el cruel desenlace a nuestro cuento,la intuición me hizo saberlo, me dirigí al sofá con el resumen de nuestra historia entre las manos, cientos de fotografías que contaban  a detalle la evolución de nuestro amor, las caricias efusivas en los primeros años y la indiferencia de nuestra convivencia en los últimos meses, las mire por última vez, llorando,  añorando ese sentimiento loco que tuvimos un día.

Adiós amor.

La noche pasó lenta,no pude conciliar el sueño,  decidí romper de una vez por todas con  los rastros de un amor en cenizas, destruí cada fotografía  para que nada te recordara a mí, no fue egoísmo de mi parte, te aseguro, fue con la intensión de que empezaras sin sombras  la nueva historia que estabas a punto de escribir.

Por fin amaneció, yo esperaba que  salieras de la habitación para mirar tus ojos por última vez, ni siquiera te habías enterado de mi agonía nocturna, tus ojos me ofrecieron una mirada tierna y profunda, yo sonreí tímidamente con la esperanza de  alguna palabra tuya que restaurara todo el daño, que nos motivara a seguir.- ¡Quédate! me hubiera bastado para comenzar de nuevo, pero pronunciaste algo distinto. Es lo mejor.- dijiste, buena suerte.

Contuve las lágrimas sin poder decir nada, salí de casa con un par de  maletas, algo de ropa, algunos libros, y un millón de ilusiones rotas, aborde el taxi aun esperando por un gesto tuyo, nada pasó, los días siguientes fueron una lenta letanía esperando poder verte, sentirte, tenerte.

Ha pasado ya un año desde aquella noche, sin duda no soy la misma de entonces, hoy soy más fuerte y un poco más lista, tuve razón cuando dije que ese momento era el punto final de nuestra historia, a los dos meses, caminando por una concurrida calle de la ciudad, te tope de frente,tomado la mano de otra persona que ya figuraba en nuestras vidas desde hace tiempo, siempre tuve una intuición acertada y esta vez tampoco falló. Me miraste sin poder decir nada, no tuviste el valor para hacerlo, yo con el alma rota y con la venda caída, seguí de largo, con la frente en alto.

Escrito por: Laura He.

 



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