Confieso que en algún tiempo fui una mujer que aceptaba lo que le daban, aunque fuese muy poco y de mala calidad, me conformaba con ese tipo de ¨amor¨ tal vez porque creía que era lo que merecía o tal vez simplemente temía estar sola. Y aun así pretendía ser feliz con ello, más bien me obligaba a serlo.

Finalmente entendí que mi afán por conformarme se debía al escaso amor que sentía por mí misma y por ello aceptaba amores mediocres, pasajeros, amores que de antemano sabía que sólo deseaban mi cuerpo, amores que se entregaban a medias y que jamás ofrecerían un futuro, ¨amores¨.

Sin embargo, con el pasar del tiempo, con las malas experiencias y con las mil heridas que le provoqué a mi corazón, logré madurar, crecer y entender que uno acepta lo que cree merecer.

Entonces, los golpes, las caídas y el trabajo que me costó reparar mi corazón, me ayudaron a quererme, a entender lo mucho que valgo como mujer, a aceptar que nunca habrá nadie que me ame más que yo misma y que nadie hará por mí lo que yo misma no haga.

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Y fue cuando comprendí que merecía un amor completo en toda la extensión de la palabra.

Y me prometí no volver a aceptar menos de lo que merezco, menos de lo que yo tengo la capacidad y estoy dispuesta a dar. No me conformaré con un amor que me endulce el oído pero que con sus acciones no demuestre lo que con sus palabras proclama. ¡Ya no tengo más miedo a la soledad! Me senté a charlar con ella y entonces pude descubrir todo lo que deseo cuando llegue el momento de abrir de par en par las puertas de mi corazón.

Por el momento voy tras mis sueños, sin el miedo de que alguien me limite o haga que me estanque. Hoy mis alas desean volar y lo haré tan alto que nadie me pueda alcanzar (nadie que no valga la pena, nadie que no se la quiera jugar).

Ya no he de conformarme, nadie está para mendigar o rogar amor. Estoy segura de que cuando alguien llegue y si es el indicado, me querrá por lo que soy y cómo soy, no me exigirá nada que él mismo no pueda dar y eso hará aún más fuerte la unión.

Y es que la vida es tan sabia que si no aprendes la lección, te la vuelve a repetir.

Y creo que de tener roto el corazón ya me he cansado. Sinceramente no pido nada extraordinario. A mi edad sólo deseo a alguien que en verdad tenga la intención de amarme y quedarse, inclusive cuando las cosas no marchen bien. Quiero a un hombre con seguridad, con determinación, con visión e iniciativa. Alguien que me impulse a lograr mis sueños y me incluya en sus anhelos. Que se permita recorrer el mundo tomado de mi mano, un hombre y no un machista, tan hombre que sea capaz de disculparse cuando falle, tan hombre que sea capaz de decirme que no quiere perderme y tan hombre cómo para decidir hablarme siempre con la verdad.

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No quiero que siempre me dé la razón, quiero que él tenga y defienda sus propios ideales y me corrija cuando he de estar mal pero que también me dé la oportunidad de expresarme. Quiero alguien que sea capaz de sentir admiración por mí, que nunca se siente menos ni tampoco el sexo fuerte, simplemente que comprenda que podemos llevar una vida a la par. Alguien que me deje crecer, que me deje vivir, que mis alas no pretenda cortar, alguien que comparta mi concepto de libertad.

Quiero un hombre que se enamore de mis defectos, de mis miedos, de mis inseguridades. Alguien que respete espacios, que organice su horario y para quien la familia y amigos también deberán ser prioridad. Quiero un hombre que me ame, que me extrañe, que sea capaz de mostrar preocupación, alguien sensible como para algún día dedicarme una canción.

Quiero que se enamore de mi lado malo, perverso, del que no brilla, del que nadie ama, porque de mi otro lado cualquiera se pudiese enamorar.

Quiero un hombre que dé pequeños detalles porque estoy segura que serán los que construyan grandes sentimientos. Un hombre que comprenda mi bipolaridad y loco sentido del humor. Que sea tan niño y tan adulto según la situación. Un perverso apasionado que me tome entre sus brazos y me haga el amor. Alguien en quien pueda confiar y me de la seguridad de que no me habrá de fallar. Un hombre respetuoso no sólo conmigo sino también con él y todos los que lo rodean. Hombre que no intente conquistarme sólo por recuperarme porque sabe que está a punto de perderme. Alguien que se interese por mi día y me permita hacerle el suyo mucho mejor. Quiero alguien divertido, un loco tan loco pero finalmente mío, alguien con quien pueda hacer el ridículo y que me conozca tal cual, sin apariencia alguna y a pesar de todo lo que en mi pueda encontrar, me siga queriendo igual o más.

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Necesito en mi vida a un hombre que comprenda que yo soy dueña de mi pero que en ocasiones me compartiré con él. Alguien que conozca mis pasiones, mis emociones y todo aquello que me hace bien. Un hombre que me hable de su niñez y su pasado, que me permita conocer inclusive lo más oscuro de él y es que ello no hará que deje de amarla, hará que mi admiración por él sea más grande, pues estaré orgullosa de saber que a pesar de todo salió adelante.

Quiero un amor sincero, sin ataduras como los que alguna vez tuve. Un amor verdadero, de esos que calan los huesos. Un amor real, esos que dicen que no tienen final. Eso quiero y no he de aceptar menos, porque ahora sé el amor que merezco.

Autor: Stepha Salcas



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