Y para un hombre esto será difícil de soportar; lo hará sentir poco hombre. Entonces empezará a hacer sentir a la mujer como si fuera poca mujer.

Nuestra cultura nos ha hecho creer que tenemos que ser menos que los hombres para gustarles. Y aunque no lo seamos, actuar como si lo fuéramos. Menos inteligentes, menos hábiles, menos libres, menos independientes… en fin, menos.

A ellos les gusta el papel de héroes, ser quien rescata a la damisela en peligro. Por naturaleza, les gusta proteger. Si consideramos esto, no es sorprendente que la mayoría de las mujeres poderosas estén solas.

A veces, una mujer es demasiado para un hombre. Demasiado inteligente, demasiado bonita, demasiado libre, demasiado fuerte, demasiado independiente, demasiado hábil, demasiado trabajadora, demasiada MUJER.

Para un hombre esto será difícil de soportar, lo hará sentir menos. Lo hará sentir poco hombre. Entonces empezará a hacer sentir a la mujer como si fuera poca mujer. Cuando esto pase es importante que todas entendamos: nada está mal contigo.

El peor error que podemos cometer como mujeres es quitarle joyas a nuestra corona en afán de hacerla más ligera para un hombre. NADA ESTÁ MAL CONTIGO. Tú no necesitas una corona más pequeña. Tú necesitas un hombre con manos más grandes.

Artículo por Daniela Salinas



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