Sí, tengo que aceptar que muy constantemente pienso en ti, que extraño la calidez de tus caricias, esa manera tan distinta que tenías para hacerme olvidar las tristezas, esa facilidad que tenías para hacerme sonreír.

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Sí, no me queda más que asumir que a veces me siento sola, sobre todo cuando me invade el insomnio y no puedo dormir, te extraño porque en esos momentos me dejabas recostarme en tu pecho y oír tu corazón latir, mientras acariciabas mi cabello y casi sin notarlo, me hacías dormir.

 

Te extraño también en las mañanas,  pues detesto tener que tomar el café sola, detesto el espacio que dejaste en casa, detesto esta maldita soledad que me haces sentir.

 

Te extraño también por las tardes, sobre todo cuando llueve, pues  bien sabias aprovechar el tiempo en casa, cocinándome alguna receta rara o contándome alguna historia de tu vida, de tus aventuras, de tus locuras pasadas.

Te extraño incluso cuando he quedado atrapada en el tráfico, pues recuerdo que decías que había que aprovechar los minutos que parecían perdidos para replantear la vida, para reconocer la belleza de las cosas que en realidad valían.

tu adios

Par ser sincera te extraño en todos lados, en casa, o  caminando en cualquier calle del barrio, te extraño al escuchar en la radio tu canción favorita o  al mirar en la televisión nuestra serie preferida.

Para ser sincera, creo que soy yo quien se niega a olvidar, quien por voluntad propia se lastima, se aferra a los recuerdos.

¿Será acaso qué no me resigno a dejarte atrás?

La verdad es que no me atrevo a liberarme de ti, la verdad es que me cuesta tanto esta  soledad.

Si,  se puede notar, que algunas veces te extraño, y algunas otras… mucho más.

Autor:    Laura He.

 



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