Vete acostumbrando a que la gente juzgará tu camino porque sí. Pero, ¿sabes una cosa? Esos que lo juzgan ciertamente nunca han estado en tu lugar, nunca lo han recorrido, por eso se les hace fácil emitir opiniones sobre ti. De haber pisado aunque fuera un tramo de tu sendero, tendrían una perspectiva distinta. Pero no te preocupes, no has venido a este mundo a darles gusto a esos que te juzgan; si así fuera, sería esta una vida demasiado desgastante y no valdría la pena vivirla.

Que sigan murmurando, que de sus bocas sigan saliendo pestes sobre ti, qué importa. Ellos no son los dueños de tu vida: eres tú.

Haz lo que se te venga en gana sin dar explicaciones. Si te sientes contenta, sonríe; si estás triste llora; si quieres hacer un berrinche, patalea y grita. Sé libre. Manda por un tubo al qué dirán, pues ninguno de tus críticos merece tu atención, mucho menos tu enojo o tus lágrimas. Ellos no te conocen, no saben lo que has vivido, lo que has sufrido para llegar hasta donde estás. Y, la verdad, no merecen saberlo.

No dejes de vivir bellos momentos sólo porque algunas personas amargadas se enfurecen al verte feliz. Tú no tienes la culpa de su amargura, ni eres responsable de curarles su corazón agrio. Aléjate de las personas tóxicas y de aquellas que sólo sirven para chuparte la energía, no valen la pena.

Tómate con calma y tranquilidad todas las cosas que vengan a tu vida.  No dejes que los comentarios o las actitudes negativas de personas inoportunas arruinen tu día o alteren tus emociones, siempre mantente estable, nunca permitas que la malicia de los otros te perturbe. Aprende de las críticas constructivas, porque siempre son benéficas y provechosas, pero a las críticas negativas y malintencionadas deséchalas y nunca les hagas caso, porque su único propósito es hacerte sentir mal.

Antes de complacer a los demás, complácete a ti misma, vive al máximo todos los días.

Que no te cambien ni te definan los comentarios hirientes de los demás; no dejes que nadie te diga que no vales como persona. Sé tú misma y sé feliz, y deja que los demás te envidien.

No le niegues al mundo tu luz por malos juicios.

No dejes de ser auténtica sólo porque alguien critica tu forma de ser.

Y si, después de todo, alguien se atreve a criticarte, dile: “a quien juzgue mi camino, le presto mis zapatos”.

 

Autor intelectual: Katherine Silvera

 

 



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