Escribo para sanar, para olvidar, para sacar lo toxico y dejar limpia el alma…Escribo porque de esa forma puedo purificar todo aquello que me hace sentir podrida, pero por sobre todo escribo para no olvidar ni un instante de mi vida, porque ha sido intensa igual que mis emociones, porque he amado y he odiado con el corazón, sin embargo no podría haber sido de otra forma, no podría haberme edificado tan fuerte y capaz para superar los dolores, las ausencias , las traiciones y la desilusión del paso del tiempo.

Hoy les escribo a ustedes, mis amores, a los buenos y a los no tanto. Aquellos que me rompieron el corazón pero antes me elevaron hasta las nubes, sí ustedes,  que hoy caminan por ahí sin saber cuánto escarbaron en mi maltratado corazón. A ustedes les digo “gracias”.

Gracias por todo lo que aprendí, por todo lo que se llevaron de mí y lo que dejaron sembrado aquí muy dentro. Hay algunos que aún me duelen, pero debo confesar que mi hicieron la mujer que hoy soy, y a pesar de que hay días que me levanto desilusionada del amor,  recordando alguna de sus traiciones, recupero el aliento y la esperanza cuando pienso en sus sonrisas o en la calidez de sus cuerpos, porque no puedo negar que en algún momento me hicieron inmensamente feliz, llenaron mis días de magia, color y alegría, cada uno con sus particularidades, no puedo dejarlos en el olvido , no puedo y no debo; y así me lo he propuesto, no importa los días en que me mantuvieron en la oscuridad de mi habitación, que llenaron mis ojos de lágrimas o que desanimaron mi futuro, eso ya no importa, porque los quise e incluso llegue a amarlos. No quiero y no puedo olvidarlos.

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No quiero, porque sería negar parte de mí, de lo que en algún momento escogí, de lo que abrace con esperanza y con amor;  Y no puedo, porque los llevo en la piel, pero por sobre todo en el alma, los llevo en cada acto de esperanza, son y serán siempre parte de mi historia, de mis anécdotas, de mis memorias. Amo todos los momentos que pase junto a ustedes, momentos de excesos, de caricias, de melodías, de pasión, de desenfreno, de amor, de desencanto, de llantos, de desborde, de reproches, de búsquedas y por supuesto de aprendizaje. Lo que me dejaron vale más que una perfecta historia de amor, porque a mis treinta años, ya no creo en el “Fueron felices para siempre”, prefiero vivir bajo la consigna “aprendí de ti y espero que tú de mi” porque ahora sé, que es más sano amar a la persona tal cual y dejar la idealización para las películas de princesas.

Por: Coni Saavedra



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