Quienes no me conozcan y lean esto, pensarán que estoy embarazada o que ya soy mamá, pero no. Aún soy muy joven para tener hijos, así que falta mucho tiempo para pensar en eso.

Sin embargo, a la edad de 15 años recibí la mejor noticia que me han dado hasta la fecha: ¡me iba a convertir en tía por primera vez! Desbordaba dicha por todos los poros. Ya podía ver a ese pequeñito, sonriente, cachetoncito, y yo cuidándolo, mimándolo, dándole besitos, cargándolo y queriéndolo todos los días. Estaba tan contenta que corrí a contarles a todos mis amigos; yo creo que me vieron tan emocionada que lo único que hicieron fue abrazarme y felicitarme con una sonrisa en su boca.

Lo vi por primera vez cuando tenía un mes de nacido. ¡Estaba hermoso! Lo tomé en mis brazos y me imaginé todas las cosas que pasaríamos juntos, todo lo que yo podría enseñarle a ese pequeñito. Jugaríamos, saltaríamos, correríamos, nos reiríamos juntos, pero jamás me imaginé que ese niño me enseñaría también a mí grandes cosas.

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La primera lección que ese pequeño me dio fue que el amor a primera vista sí existe. Lo comprobé al conocerlo. Aprendí también que, en la inocencia de un niño, no se necesitan grandes lujos para ser feliz: él no diferenciaba los juguetes más caros de los más baratos, podía jugar contentísimo por horas con una caja de cartón o una botella de plástico. Aprendí el poder de la imaginación, pues, conforme iba creciendo, iba siendo más creativo con sus juegos: una rama en cruz podía ser un avión, una espada o cualquier cosa que se pudiera imaginar.

Lo amo mucho, estoy enamorada de ese pequeñito, de su inocencia y de sus ojitos tiernos. Quiero que sea un hombre de bien, que tenga éxito en la vida, y voy a dar lo mejor de mí para ser la mejor tía que haya podido tener. Quiero que sepa que desde ya me siento orgullosa del pequeñito hermoso que es.

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Él vino a este mundo a cambiar mi vida para bien. Sé que no es mi hijo, pero lo quiero como si lo fuera, porque lo he visto crecer, lo he querido desde que nació y lo voy a querer hasta el último de mis días.

Hermoso sobrino, quiero que sepas que cuentas conmigo, con tu tía, para todo lo que necesites.

 

Autor intelectual: Isa Monge



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