No puedo creer que ya vayan a ser 8 años desde que te fuiste, porque la verdad yo siento como si apenas hubieran pasado unos días. Y es que aún me sigue doliendo, papá, mucho, como no te imaginas. Sin duda, tu partida fue la etapa más dolorosa de mi vida, pues fuiste el mejor padre que pude haber tenido. Yo apenas empezaba a madurar cuando Dios decidió llevarte a su lado. Iba terminando mi adolescencia y entraba a una época crucial: mi juventud. Papá, te fuiste cuando te necesitaba más que nunca, pero a la vez también me duele saber que me diste tantas cosas y no tuve tiempo de agradecerte por todo ello.

Siempre recordaré que, gracias a ti, mi infancia fue la etapa más bonita de mi vida, llena de dulces momentos y experiencias que llevaré en mi corazón eternamente. Me siento muy afortunada de haberte tenido en mi vida, no me cabe duda de que cumpliste muy bien con tu labor de padre. Siempre me procuraste y cuidaste que nada me faltara, especialmente atención y cariño.

La vida es dura sin ti, papá, en verdad. A veces se me olvida que te has ido y llego a la casa contenta, con ganas de contarte que he tenido un buen día en la universidad… y luego me doy cuenta de la dura realidad: tú ya no estás aquí.

Desearía decirte cómo me está yendo en la vida; contarte mis logros y mis fracasos.

Desearía que, al llegar la hora de dormir, pasaras a mi habitación y me desearas las buenas noches.

Desearía poder hablarte por teléfono para que me tranquilices cuando me siento alterada.

Desearía que me regañaras por aquellas cosas tontas que hacía, o que me apoyaras incondicionalmente como acostumbrabas.

Desearía volver a abrazarte y reconocer de nuevo aquel perfume tuyo que tanto me gustaba.

Desearía que volviéramos a salir a cenar todos juntos en familia, contigo manejando esa camioneta que ahora dejaste vacía.

Recuerdo bien cuando me preguntaste si estaba enamorada de algún chico, y yo te dije que todavía no, que mis expectativas eran altas. Me refería a que buscaba un hombre como tú, que fuera amoroso, tierno fiel y que lo diera todo por las personas que ama. Alguien capaz de llenar de detalles a su esposa como tú lo hacías con mamá, y que fuera un hombre responsable y de bien.

Me haces tanta falta, papá, y debo decir que siento un poco de envidia al ver a mis amigas que aún tienen a sus padres con vida y que no saben valorarlos.

Te fuiste muy pronto, pero, con todo y eso, le agradezco a Dios por haberme dado un padre maravilloso por 16 años. Siempre recordaré tu sonrisa, tu manera tan comprensiva de escucharme, tus palabras de aliento cuando más las necesitaba y tu gran sentido del humor.

Gracias, papá, por haberme dado la vida, por haberme inculcado todos esos valores que hoy me hacen una persona de bien, por haber cuidado de mí en todo momento y nunca dejarme sola ni abandonarme. Gracias por enseñarme a confiar en mis sueños, a trazarme metas y a cumplirlas, y a creer en el valor del esfuerzo.

Te amo, papá, y sé que algún día nos volveremos a encontrar; mientras tanto, seguiré esforzándome por ser la persona de la cual te sentirías muy orgulloso. Te mando un enorme beso desde aquí hasta el cielo.

Todos en la familia te amamos y te recordamos siempre. ¡Feliz día del padre!

Si tú, que estás leyendo esto, aún tienes a tu padre con vida, valóralo cada instante y ve y dile cuánto lo amas; mañana podría ser demasiado tarde. Si, en cambio, tu padre ya está en la gracia de Dios, agradécele por todo el tiempo que estuvo a tu lado y te dio su cariño, su cuidado y su amor.

Autor intelectual: Heiny Yataco



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