No sé ni por dónde empezar, porque justo ahora que escribo las primeras palabras, se me vienen las lágrimas. Y es que hace exactamente diez años que partiste, que esa maldita enfermedad decidió arrancarte de mi vida prematuramente y me quedé aquí sola, llorando por tu ausencia, con un vacío que aún ahora, después de tanto tiempo, no he logrado llenar, ni con mi carrera, ni con mi trabajo, ni con mis logros más soñados.

Qué puedo decir, mamá, te lo debo todo: para empezar, la vida. Desde siempre fuiste una guerrera que estuvo siempre dispuesta a sacrificarlo todo por mí y por mis hermanos. Recuerdo cuando papá me contó que tu vida estuvo en peligro cuando yo iba a nacer, y tú valientemente le dijiste a los médicos que no importaba si no sobrevivías, lo importante era que me salvaran a mí. Afortunadamente las dos salimos de aquel parto peligroso y todavía tuve la dicha de tenerte con vida 16 años más… 16 años que ahora se me antojan tan pocos, porque luego de que te fuiste te seguí necesitando, mamá.

A pesar de todo, estoy agradecida, pues, ¿cuántos no han tenido la fortuna de contar con una madre como la que yo tuve? Le agradezco a Dios por tu presencia en mi vida, por haberme cuidado, criado, por haberme alimentado, vestido, por llevarme a la escuela, por soportar mis berrinches y lidiar con mis travesuras cuando era pequeña, por tolerar mis cambios de humor y mis altibajos hormonales cuando era una adolescente, por ser mi confidente y por darme tan buenos consejos, algunos de los cuales, hasta ahora, que estoy más grande, alcanzo a comprender.

¿Qué más puedo decir? Que me encantaría que hubieses estado aquí en muchos de los momentos más significativos de mi vida. Terminé la carrera: soy arquitecto, como tú, como siempre fue mi sueño, desde pequeña… construir edificios, ¿recuerdas? Tengo un buen empleo, y estoy por poner un despacho con algunos socios. Sé que estarías muy orgullosa de mí. Tengo un novio, es un hombre maravilloso, te encantaría conocerlo, en verdad, es muy educado, amable y guapo, pero sobre todo tiene un buen corazón, tal y como tú me recomendaste siempre que buscara en una pareja.

No me queda más que darte las gracias, mamá, por todo lo que hiciste por mí en vida, y por toda la inspiración y la motivación que tu recuerdo ha significado para mí. Te extraño mucho y te amo. Siempre llevo conmigo una fotografía tuya en mi bolso. Sé que ahora estás con Dios en el cielo y que desde allá me observas y me cuidas. Cuida también a papá y a mis hermanos, te prometo que te seguiré llenando de orgullo y ya llegará el día en que nos abracemos de nuevo, cuando Dios me mande llamar, y nunca más nos volveremos a separar.

Te amo, mamá.

Autor intelectual: Lluvia Márquez



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