En realidad no tengo claro que siento por ti, no sé si te odio, te admiro o te tengo compasión; en realidad me produces un cúmulo de emociones encontradas. Mi sentir se manifiesta en esas pocas veces que te he visto,  algunas ocasiones me he reído, otras me han dado ganas de gritar: ¡zorra!

He de reconocer que esa primera vez que me hablaron de ti – me pareció que tu nombre es horrible – no te concedí ninguna importancia. En realidad nosotros – él y yo –  éramos personas que se querían, que adoraban estar juntas. No negaré que habíamos tenido instantes difíciles, ambos fuimos parte de un gran proceso. Para  ser honesta era el mejor momento.

Era tan feliz que  no me preocupó tu existencia. Él, siempre ha sido un hombre de buenos gustos, aun así, no me siento capaz de emitir una opinión respecto a tu belleza física. [Acepto que odio tu nariz].

Cuando el alcohol, él y tú tuvieron una cita no me asusté. Me dio gusto que él haya tenido una aventura de ese tipo,  después de todo, los diez años que me llevas deben estar llenos de buenísimas experiencias. Sin embargo todo éste tiempo me he preguntado: ¿Cómo puedes hacerlo?  ¿Cómo puede no importarte que haya alguien ahí?

Porque lo sabes, nos viste muchas veces juntos con las manos entrelazadas, las personas a tu alrededor te lo decían – no era un secreto – él tenía alguien especial en su vida;  no logro comprender ¿Por qué le ofrecías tus labios día a día?

Como colofón de esta travesía decidiste ofrecer tu cuerpo, lo brindabas con desesperación. A tu edad no dudo que puedas tener a cualquier hombre, deduzco de tus actos que no conoces el valor del respeto; aun así no dejas de impresionarme.

No logro entender ¿Por qué no puedes tener empatía con otra mujer que quizá no comparte tus ideales de vida? Otra mujer que quizá está llena de ilusiones.

Por momentos me podía mantener tranquila – sentí que lo tenía bajo mi dominio – siempre intentando controlar todo. Pero un acto que no podía manejar es que pusieras tu cuerpo como carnada –no sé si para ti esto es tan divertido– no hablemos de las responsabilidades que le corresponde a él, porque tengo claro, las hay y le pertenecen.

Hablemos de ti. Quiero pensar que eres una gran mujer, lo que no puedo comprender es: cómo pudo ser tan sencillo  ¿Qué clase de persona hace eso?  Si tan sólo conocieras en partes mínimas el valioso concepto del respeto.

Pasados los días decidí que toda tu desesperación por la búsqueda del placer no nos afectaría,  me resistí a pensar que en verdad valías la pena para tirar por la ventana cinco años.

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Podrán calificarme de masoquista, pero a veces te recuerdo y veo lo que ha quedado: Nada; y es en ese momento cuando te odio más. Te aborrezco cada que escucho que has pasado minutos a su lado, también tengo la opción de tenerte lástima por tus acciones tan miserables.

Me he encontrado en algunas ocasiones en tu lugar: un hombre, su pareja, ese hombre que me busca de algún modo. A pesar de ser una situación similar siempre he tomado la decisión de no arrasar con todo, así como tú.

Quizá en su momento no conocí a la mujer que estuvo de ese otro lado, lugar nada agradable en el que ahora me encuentro, pero jamás he sido capaz de destruir un corazón. Nunca y jamás del modo tan ruin en que tú te guiaste.



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