Tim Elmore, un especialista en liderazgo y autor de varios best-sellers de psicología, ha logrado identificar, a partir de sus investigaciones, los errores típicos que comenten los padres en la crianza de sus niños. Estos errores, dice el autor, facilitan que el pequeño crezca como alguien tímido e introvertido y eliminan las posibilidades de que se vuelva una persona de éxito en su futuro personal y profesional.

Te recomendamos tener en cuenta esta lista de errores para que no los sigas cometiendo en perjuicio de tus niños:

  1. No permitir a los hijos tomar riesgos

El peligro acecha en donde quiera, de eso no hay duda. Pero una actitud de sobreprotección hacia nuestros hijos suele ser más perjudicial de lo que parece. Expertos afirman que si el niño nunca sale a la calle, no se cae y no se raspa las rodillas, en su vida adulta puede sufrir de fobias y miedos irracionales.

El niño debe aprender a afrontar riesgos para perderle el miedo al mundo. Si siempre se queda en casa, crecerá con nerviosismo hacia el exterior y esto le puede acarrear problemas de socialización. Por otro lado, los adolescentes deben aprender a lidiar con sus emociones, deben tener su primer amor, su primer rompimiento de corazón, su primera decepción, pues todo ello les ayuda a aprender a establecer relaciones interpersonales sanas.

Eliminar el riesgo en la vida de los niños puede dar origen a la arrogancia, la insolencia y la baja autoestima en su adultez.

  1. Correr en su ayuda demasiado pronto

Es muy importante que el niño aprenda que, ante situaciones difíciles, él debe buscar primero una solución antes de que el adulto llegue y le ayude. Si acostumbramos a los hijos a que, cuando ellos tienen un problema, nosotros corremos a ayudarlos y los cuidamos en exceso, les estamos enviando el mensaje de que mamá y papá lo resuelven todo y nunca aprenderán a ser independientes.

Si eso ocurre, tus hijos podrían no ser aptos para la vida adulta.

  1. Entusiasmarse muy pronto

Llenar a los hijos de elogios por cualquier cosa, haciéndoles creer que son los más hermosos, los más inteligentes o los más capaces, puede resultar contraproducente para su autoestima, pues tarde o temprano se darán cuenta de que las demás personas no siempre creen que sean los mejores, y que mamá y papá no son objetivos, por lo que se decepcionarán enormemente al enfrentarse a una realidad en la que las demás personas no siempre se desviven en elogios hacia ellos.

Con el tiempo, un niño así aprende a hacer trampa, exagerar y mentir para eludir alguna verdad incómoda, por eso no estará preparado para afrontar las dificultades en su vida de manera adecuada.

 

  1. Permitir que la sensación de culpa reemplace el buen comportamiento

Un niño que es demasiado mimado puede aprender que, no importa cómo se comporte, no habrá castigos y, por el contrario, siempre habrá una recompensa. Hay padres que piensan que no pueden premiar a un hijo sin premiar a los demás, pero esto impide que el niño se esfuerce por comportarse y crea que tanto las buenas como las malas acciones son igualmente recompensadas.

Piénsalo dos veces antes de premiar a los niños con regalos y paseos al centro comercial. Si la relación con tus hijos está basada únicamente en estímulos materiales, ellos no van a sentir ninguna motivación interna ni amor incondicional.

  1. No contarles a los hijos los errores de nuestro pasado

Conforme van creciendo, los hijos se van tornando más independientes en sus acciones y desean experimentar lo que el mundo les ofrece. Es bueno que ellos vayan tomando las riendas de su propia vida, pero también es importante hablarles de los errores que nosotros cometimos a su edad, para que ellos se la piensen dos veces antes de cometerlos también. No se trata de dar sermones; es más eficaz una charla como si fuera “entre amigos”, para que el hijo se sienta en confianza y pueda darle un mayor valor a tus palabras.

Cuéntales qué sentías cuando tú mismo te enfrentaste a situaciones parecidas, cómo reaccionaste y qué aprendiste de eso.

  1. Confundir intelecto con madurez

Un error común de los padres es pensar que los hijos inteligentes son más maduros que el resto. Esto no es así. Tener talentos, aptitudes y mayores habilidades cognitivas no es sinónimo de madurez, pues el niño puede ser bueno en la escuela pero no tener las habilidades sociales necesarias para relacionarse adecuadamente con los demás.

No existe la “edad mágica de la madurez” o un manual acerca de cuándo es un buen momento para dar al niño libertad en esto o lo otro.

  1. No aplicar lo que se predica

Mamá y papá deben ser el ejemplo del comportamiento ideal que quieren para sus hijos. Si papá no quiere que el hijo fume, papá no debe fumar; si mamá quiere que la niña se bañe frecuentemente, ella debe hacerlo por igual. Si mamá y papá quieren que el niño sea amable, ellos deben ser amables. Cuida tus actos, porque los niños son más observadores de lo que piensas y tienden a imitar a los adultos en todo.

Si no actúas de acuerdo a las normas tus hijos van a saber que no tiene nada de malo si ellos hacen lo mismo. Muestra a tus niños qué significa ser íntegro, e inculca en ellos el ayudar a los demás: ayuda tú mismo a los demás. Deja los lugares mejor que como los encontraste, y tus hijos harán lo mismo; saluda al llegar y despídete al salir y tus hijos lo repetirán.



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