Estás abatido. Tus ánimos no remontan ni usando un gato hidráulico. ¿Cómo vas a reír, si es lo último que te apetece?

Sí, es difícil que la risa brote naturalmente cuando estás viviendo una racha horrorosa. Por eso mismo, vamos a apuntar ideas para hacer más sencillo que ese gesto ilumine tu cara.

¿Por qué?

Porque la risa es una medicina muy potente, gratuita y sin contraindicaciones.

Te ayudará a estar mejor emocional y físicamente. Y, lo que necesitas para beneficiarte de este recurso, ya lo tienes. Está en tu mano.

Así es que, si te interesa, ahí te van estas cinco sugerencias:

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1. Sé receptivo a los momentos cómicos

De todo lo que acontece alrededor, tú eliges a qué darle protagonismo.

El chiste que te cuenta un amigo, la travesura que hace tu mascota o el salvaje y gracioso centrifugado de la lavadora… pueden despertar tu risa, siempre que les prestes atención.

Si estás todo el tiempo enfocado en lo que va mal, apaga y vámonos. Ni el mejor humorista del mundo consigue arrancarte una sonrisa.

Sugerencia: Envuélvete en momentos amables o divertidos. Los problemas no se irán, pero tú estarás de mejor ánimo para enfrentarlos.

2. Recuerda situaciones divertidas

La atención es poderosa y la memoria, también. ¿Has probado a relacionar las situaciones que vives con experiencias pasadas?

Un ejemplo. Hoy me encontré a un pequeño gorrión, que se había caído del nido. Lo recogí y lo puse a salvo porque estaba en mitad de la calzada.

Esa experiencia dio para evocar otras que ocurrieron en el pasado. ¿Sabes cuál elegí?

Una del año pasado, precisamente: Recogí a otro gorrioncillo que se había caído del tejado y lo puse en la azotea para que sus padres lo vieran. Fue un acierto. Venían a darle de comer al pajarillo todos los días hasta que aprendió a volar y se fue.

El chiste es que era muy travieso. La bolita de plumas estaba todo el tiempo tirándose al patio, metiéndose en el cuarto de baño y en otros lugares de la casa. Mi hermana y yo estábamos todo el día llevándolo a su sitio de la azotea. Nos traía fritas, con lo diminuto que era. Aun así, fue una experiencia divertidísima.

El caso es que, sea lo que sea lo que te pase, puedes elegir relacionarlo con unas experiencias que hayas vivido o con otras.

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Sugerencia: Da prioridad a los recuerdos que te hagan sentir bien.

3. Mira los problemas desde otro punto de vista

Quizás estés viviendo una realidad fastidiosa. No la puedes negar ni esquivar; has de aceptarla como es.

Vale. Pero sí puedes elegir como mirarla. Sólo tú puedes darle más importancia a unos elementos que a otros.

Sugerencia: Observa los problemas dando más peso a las soluciones que a los inconvenientes. Esto relaja mucho el espíritu… y así es más fácil sonreír.

4. Rodéate de la gente apropiada

La actitud se contagia. Rodéate de cenizos quejumbrosos, desgraciados y demás gente que se regodea en las calamidades. Si lo haces, acabarás con su misma cara de pepinillo en vinagre, amargado perdido.

¿Quieres estar de mejor humor? Haz lo contrario. Interactúa con personas positivas; de ésas que le buscan a todo su lado amable y despliegan su buen humor por dondequiera que pisan.

Sugerencia: Opta por la compañía de personas que te aligeren la carga. Se te pegará su actitud. Y, sí, te sorprenderás riendo en algún momento.

Mmmm… Qué alivio. La risa compartida es un pildorazo efectivo para combatir los dolores del alma.

5. Busca lo que te haga reír

Cuando la risa no llame (toc, toc…) a la puerta, sal en su busca.

Tú sabes mejor que nadie qué es lo que te hace reír: los niños, las comedias de la tele, los comics, los blogs de chistes, etc.

Sugerencia: Aunque te apetezca poco reír, dale una oportunidad a alguna de esas cositas que te levantan los ánimos e intenta dejarte llevar por el momento.

Se dice que la risa es gratuita porque no cuesta dinero. Pero un poquito de empeño por tu parte sí cuesta, sobre todo cuando estás viviendo una etapa complicada.

Es tu decisión afrontarla con una actitud o con otra… mientras dure. Porque pasará.

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