Si quien dice que te ama, no tiene el coraje de jugarse TODO por ti, NO TE MERECE.

¡DÉJALO!

Ya llegará alguien que TE AME A REVENTAR.

Walter Riso

¿Qué pasa cuándo queremos TODO con esa persona y no hace NADA por nosotros? Cuando estamos dispuestos a lanzarnos por la ventana sin importar nada y al momento de tomar la mano de la otra persona para saltar juntos, titubea. ¿Qué detiene a esa persona que te dijo “Te amo” para saltar contigo sin importar nada? ¿Por qué no se “la juega” (la vida, la felicidad, un regaño de sus papás, un trabajo, el bienestar económico, el compromiso con la familia, una pareja que no soporta, los hijos, etc.) para estar definitivamente contigo?

Es cierto que a los humanos nos gusta ir a la segura, y hasta que no sabemos la certeza de una situación nos aventamos y vivimos en ese dudar constante. Tratamos de eliminar todos los riesgos para que nuestro paso sea firme y nos sintamos seguros en nuestra decisión. Así lo hacemos con la economía, las inversiones, un nuevo negocio, una nueva casa, y con todo lo que sea posible. Por eso se inventaron los seguros, para reducir el riesgo que implica vivir. ¿Y la pareja? Aún no se ha inventado un seguro para reducir el riesgo de escoger a la pareja equivocada, y con ello tenemos que vivir experimentando y rogando a Dios en el altar que sea el bueno y definitivo, y sobretodo para toda la vida. Esa es nuestra expectativa que queremos cumplir cuando tomamos la decisión de hacer una vida juntos. Sin embargo, antes de eso, buscamos por todos los medios y esperamos el tiempo necesario (en la mayoría de los casos) para “estar seguros” de que es “LA PERSONA” .

2

En este via crucis de reducir esta incertidumbre, vivimos angustiados titubeando -pensando en la otra persona- “saltar” o “no saltar”, “jugársela o no”, ¿valdrá la pena?

Pensemos en la historia de la “eterna” amante, donde el hombre que tiene una esposa e hijos, no se decide a dejar a su familia, pero tiene a su amante a quien siempre le promete que “algún día” dejará todo y se irá con ella. Y pone miles de pretextos: “no me quiere firmar el divorcio”, “mis hijos”, “es que la casa”, etc., y mientras, la “eterna” amante pasa sus años siendo la segundona, la que siempre espera, bajo el discurso del hombre que le dice que la ama. La ama pero no está con ella. La ama pero no deja a su familia. La ama pero no se va a vivir con ella. La ama pero NO SE LO DEMUESTRA. Entonces, ¿de qué te sirve que te ame, si no se “la juega” por estar contigo?

El amor es demostrar y lo inhibe el miedo. Pero cuando ese miedo a que no te salgan las cosas como tú las planeas perdura por los años, y no evoluciona a tomar una decisión, la verdad está en que el amor no es suficiente y es más fuerte ese miedo que genera el riesgo de perder. Entonces, no hay amor, y se genera una situación de angustia para la persona que sí está dispuesta a darlo TODO y sobretodo que está esperando.

La frase de Walter Riso nos da el mal y el remedio: “¡DÉJALO! Ya llegará alguien que te ame a reventar.” ¿Llegará? ¿Dejarlo(a)? ¿Cómo lo(a) voy a dejar después de tantos años que he esperado? ¿qué me depara el futuro sin él(ella)? Creo que este remedio es la determinación a un punto de partida que podemos realizar después de haber esperado tanto tiempo y una vez que estamos convencidos de lo daríamos “TODO” por esa persona. Aquí mi propuesta para iniciar lo que culminará en lo que sugiere nuestro gurú:

1. Hablar con la persona. Con esto me refiero a que primero tendremos que exponer a la pareja cómo nos sentimos al respecto, lo que esperamos después de tantos años y tratar de explorar sus razones que no le han permitido “jugársela”. Es importante, comentarlo primero, ya que la otra persona no es adivino para saber cómo nos sentimos sin antes no se lo expresamos.

3

2. Dar un ultimátum. Una vez planteado nuestro sentir, tenemos que proponer el actuar y eso es dar un ultimátum; como lo hacen los países en guerra, primero el diálogo, luego el acuerdo y si no hay acuerdo, se procede a una resolución. Esto es el ultimátum: una determinación de advertencia que le da una segunda oportunidad de reacción.

3. Fijar una plazo. El ultimátum tiene vigencia y es importante determinar la fecha. Este plazo le dará un tiempo de respuesta a la persona para conocer su decisión. El plazo lo pones tú, ¿hasta cuándo quieres seguir con esta situación?

4. Tomar la decisión definitiva. Cuando el plazo se ha cumplido y la respuesta no es lo que esperas, es momento de tomar una decisión. ¿Seguir ahí o dejarlo(a)?

5. Dejarlo(a).  La opción de dejarlo(a) no es opción si realmente quieres sanarte y dejar de vivir en la angustia y la infelicidad. Además, eso le dará la pauta para saber que las personas no estarán ahí para siempre, que la “eterna” amante, llegará un día que dejará de ser “eterna” y lo dejará definitivamente.

“Gracias por compartir”

por Karla Galleta



     Compartir         Compartir