Puede que sea porque esta persona ya esté en una relación o quizás porque es alguien difícil de atrapar.

O quizás esta persona no siente lo mismo por nosotros. A pesar de todo el rechazo, los queremos.

Luego viene la pregunta más importante de todas: ¿Por qué? ¿Por qué cuando no podemos estar con alguien los queremos aun más? ¿Por qué pasamos por alto a otras posibles parejas, personas que quizás estén listas y dispuestas, personas que nos harían mejor y sólo pensamos en quien no podemos alcanzar?

Vanidad

No me refiero a la vanidad tipo “me veo increíble con este vestido,” sino que a ese tipo de vanidad que tiene que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos y que se relaciona directamente con nuestra autoestima.

Como humanos, la vanidad es parte de nuestra naturaleza. A todos nos gusta sentirnos especiales, atractivos e importantes ya que estas son cosas que aumentan nuestro orgullo y nuestra confianza al mismo tiempo que mejoran la imagen que tenemos de nosotros mismos.

Nos hace sentir seguras de cierto modo, y hasta podemos confiar mas en nosotras.

Nadie quiere sentir que no son poderosos o atractivos o que no pueden tener algún efecto sobre las personas. Lo mismo pasa con ese deseo que sientes por esa persona a la que no puedes convencer.

El hecho de que los quieras pero no puedas lograr tenerlos a tu lado es un golpe para tu vanidad personal.

Cuando la vanidad es herida, tu mente intentará que recuperar la autoestima perdida. Y ¿cómo lo hace? Simple: Empujándote a obtener aquello que te dañó en primer lugar, que en este caso sería esa persona que se rehúsa a estar contigo, usa esas armas poderosas que tienes y tus bellos encantos.

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Escasez

Nuestras mentes le dan valor a las cosas sin que siquiera nos demos cuenta y hay ciertas fuerzas dentro de nosotros que determinar el valor de algo (o alguien). Estas fuerzas se llaman oferta y demanda.

Si, puede que sea extraño usar un principio tan fundamental para el área de la economía para intentar explicar la forma en la que funciona nuestra mente, pero déjame explicarlo.

Algo que tiene poca demanda y mucha oferta se ve como algo de menos valor, mientras que algo de alta demanda y poca oferte se ve como más valioso. Lo mismo sucede cuando le damos valor a nuestros objetos, experiencias que hemos vivido e incluso a las personas.

Si la disponibilidad de una persona es restringida y queremos acceder a esta persona (sea cara a cara, a través del teléfono, vía mensaje de texto, etc.) tenemos una cierta demanda por esta persona y esta persona tiene una oferta baja. Eso hace que él o ella tenga mayor valor ante nuestros ojos lo que, por consiguiente, nos hace querer tenerlos aun más debido a que les asignamos un valor mayor.

La realidad de aquellos casos en los cuales deseamos a alguien es que mientras menos acceso tengamos a esa persona, más los querremos. Es la esencia de porque aquellas personas que se hacen las interesantes pueden parecer más atractivos para los demás.

Deseo

El deseo es un arma de doble filo. Deseamos a los demás dependiendo de nuestros gustos personales, nuestras experiencias y nuestras preferencias sexuales. Sin embargo, el deseo también tiene un elemento social.

Tendemos a desear más a quienes ya son deseados por otros. Lo mismo pasa con los objetos. Por ejemplo, si estás buscando un restaurant es más probable que escojas el que tiene más comensales en vez del que está vacío.

Esto se debe a la aprobación social: Si alguien quiere algo, nuestra mente inmediatamente nos dice que podría tener alguna cualidad que también podría interesarnos a nosotros, algo que nos intriga. Por lo tanto, si a otra persona también le gusta la persona en la que estás interesada, esto provocará que desees a esta persona aun más.

Esto también se puede explicar utilizando el concepto de los celos. Si alguien más quiere lo que nosotros queremos, puede que active nuestra competitividad natural para poder ‘ganarle’ a este competidor.Esto se relaciona tanto con la vanidad como con la escasez.

Estar con esa persona a la que deseas aumentará tu auto estima, alimentará tu vanidad personal y aumentará el deseo de estar bien con alguien que creemos tiene un gran valor.

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Sobreinversión

Uno de los principios con los que trabaja nuestra mente es la reciprocidad. Si hacemos algo para alguien más, inconscientemente esperamos que la persona nos devuelva el favor. Si alguien hace algo por nosotros, muchos nos sentimos empujados a reciprocar la acción haciendo algo que tenga un valor similar.

Cuando invertimos tiempo en alguien, inconscientemente esperamos que la otra persona nos devuelva el tiempo invertido. Si a esto le añades otras cosas (favores, cenas, citas, etc.) nuestro nivel de inversión se vuelve más alto y las expectativas de que se nos recompense son aún mayores.

Mientras menos recíproca sea la relación, más tiempo pasamos intentando que la persona nos devuelva el favor. Esto hace que tengamos expectativas inconscientes de que esta persona haga algo por nosotros.

Por lo tanto, cuando no logramos estar con la persona que queremos tendemos a invertir mucho en intentar lograr este cometido. Mientras más invertimos y mientras menos reciprocidad existe, más parecemos desear a esta persona, específicamente porque hemos invertido mucho en él o ella.

Contrario a toda expectativa, invertir demasiado tiempo y energía sin que la otra persona lo quiera usualmente hará que se alejen de nosotros.

Por lo tanto, cuando quieras estar con alguien que simplemente no corresponde tus sentimientos, lo mejor que puedes hacer es relajarte, dar un paso al lado y no invertir tanto en esa persona (sin importar lo difícil que sea).

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Por: Carolina Mila.

 

 



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